RSS

Archivo de la etiqueta: periódicos

Lunes

Los lunes poseen la inconmensurable capacidad de calmar las tormentas. Pocos acontecimientos ostentan el poder de paralizar la vida del metro, así que el inicio de la semana es un reinicio siempre. Y hoy parecía un lunes cualquiera. El metro no admite lutos. El trabajo espera y es un lujo atreverse a perder cada tren. Era un lunes cualquiera, pero los periódicos hoy no hablaban del tiempo. Hablaban de fútbol, sí, pero en pequeñito, porque copaba los titulares el forjador de la democracia, el presidente que inventó otra España, el mito de la Transición, el gran presidente del pacto, el líder que unió a los españoles. No son mías: son palabras de tinta.

1395424609_922486_1395424669_noticia_normal

De Forges, claro.

No estaba de acuerdo toda la prensa en qué pasó el sábado por las calles de Madrid. Como cada vez, bailan las cifras y tiemblan las manos de quienes contemplan la violencia con la que termina una defensa de la dignidad. Vuelan las culpas y pueblan los medios los testimonios de cada parte. ¿Cuándo nos convertimos en dos bandos? Van marchándose los artífices de la Transición y la democracia va faltando poco a poco. Se la jugaron por conseguirnos unas libertades que vamos lentamente perdiendo. Si Suárez impulsó la pluralidad política, hoy en día hablar en la calle sale caro. Tanto que las manifestaciones ya no llevan tal nombre, sino marchas de la dignidad. Hemos llegado al punto en que hay que salir a reclamar algo tan humano como la dignidad en un país popularmente considerado como avanzado.

Esta tarde en el Congreso ha habido lágrimas, señales de la cruz y palabras, muchas palabras. De respeto y admiración, casi todas. Los que allí han estado señalan la alta y esperanzadora presencia de jóvenes que querían acercarse a homenajear y agradecer. Es que Suárez tenía tan adherido el consenso que ha conseguido llevarlo a los titulares y a las bocas de todos. Hay que ser muy bueno para que políticos, periodistas y ciudadanos hablen bien de ti… Al menos ahora. Hacemos uso de la pluralidad política que él impuso a cada rato, pero en esto estamos de acuerdo: estamos donde estamos gracias a él. Y eso no puede decirse de cualquiera. Qué envidia de altura política, la de un hombre que dimite cuando el bien de su país lo exige. En España ya no sabemos lo que es eso.

Poco queda por decir. Simplemente, adiós y gracias, Adolfo. No ha sido un lunes cualquiera.

Anuncios
 

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Ciudadanos invisibles

De niños, los personajes de cómic nos dieron a entender que uno de los poderes más útiles es el de ser invisible. Soñábamos con desaparecer por unos minutos de la realidad en la que nos habíamos visto enmarcados y envidiábamos a los protagonistas cuando todavía llamábamos a esos librillos tebeos. La insoportable realidad de la sociedad actual, sin embargo, nos hace comprender que la vida es muy distinta. La invisibilidad no es codiciada, sino que es la peor de las enfermedades.

Ayer ocurrió algo terrible, pero no me atrevo a decir que inesperado. Un barco cargado de inmigrantes naufragó a su llegada a Lampedusa (Italia) a causa de un incendio. En el momento en que se escribe este texto, la cifra de fallecidos supera los 200. Leo en la prensa que la tragedia avergüenza a Europa, supongo, por el alto número de muertos. Pero, por favor, no seamos hipócritas. O, al menos, tengamos un poco de conciencia. Cientos de inmigrantes abandonan sus hogares cada día en busca de una oportunidad en un país “avanzado”. Que no les parezca lejano, porque en España estamos viviendo en primera persona esa misma realidad. La diferencia es que ellos viajan hacinados en pateras y nosotros podemos permitirnos un vuelo en Ryanair. Y hay otro matiz… Una gran parte de ellos mueren en el camino, sin que a nadie parezca importarle demasiado, y los que consiguen llegar, que solo Dios sabe lo que han tenido que sufrir para ello, son repatriados en cuanto ponen un pie en la costa. ¿Eso no nos avergüenza? ¿No nos da vergüenza que quien se ve obligado a abandonar su país para poder aspirar a algo mejor tenga que hacerlo hacinado en una embarcación inestable arriesgando su integridad física y hasta su vida? Lampedusa ocurre todos los días, pero parece que a Europa solo le avergüenza si el número de muertos protagoniza las portadas.

Forges.

Forges.

Un ciudadano invisible es aquel que habita en el peldaño más bajo de la escala social. Y eso que en nuestra sociedad no es tan difícil pasar de invisible a demasiado visible en pocas horas. Los cientos de muertos y heridos en el derrumbamiento de la fábrica textil de Bangladesh el pasado 24 de abril ya fueron repentinamente colocados en las primeras páginas de los periódicos durante unos días, pero eso, desgraciadamente, no les convirtió en protagonistas de nada. Como en Lampedusa. Siempre han sido invisibles y, a nuestros ojos, siempre lo serán, porque en ningún caso han sido tratados como ciudadanos de clase preferente, como todo humano debería ser.

Tras el atentado de la maratón de Boston, en el que murieron tres personas y casi doscientas resultaron heridas, la prioridad absoluta fue investigar quién había provocado la matanza. Las imágenes conmocionaron al mundo. El accidente de Bangladesh, sin embargo, ocupó un pequeño lugar en nuestras conciencias, porque en ningún momento se buscó encontrar a los verdaderos culpables de aquello. Y nadie investigará cuál es el origen remoto de la tragedia de Lampedusa, porque ya sabemos quién tiene la culpa, pero nadie quiere decirlo. Y lo peor es que a nadie le importa, porque solo nos escandalizamos si hay muertos, en lugar de clamar al cielo y hacer algo por reparar la trágica realidad de quien tiene que trabajar explotado en una fábrica o de quien se ve obligado a sufrir el calvario de inmigrar en patera (y todo lo que viene antes, que es incluso más arriesgado).

Que cada cual elija si la invisibilidad es un gran poder o un gran lastre. No estamos aquí para juzgar, pues cada uno es dueño de su propia conciencia. Eso sí, cuidado con la hipocresía, que situaciones como la de Lampedusa o la de Bangladesh no deberían pillarnos desprevenidos: hace años que las realidades que silenciamos avisan a voces del advenimiento de la tragedia.

 
 

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

El dinero no es el problema

382029_519103078114421_1498791755_n

¿Quiere buen Periodismo? Vea The Newsroom 

El pasado jueves, El País cometió un error. El hambre de exclusivas a cualquier precio llevó al diario a aceptar, anunciar y publicar una fotografía de Hugo Chávez convaleciente en un hospital. La imagen, cuya publicación de por sí es discutible pues roza los límites de la intimidad del dirigente venezolano, no sólo no clarificaba la fecha y el lugar de su toma, sino que resultó ser falsa. El hombre fotografiado no era Chávez, sino que la imagen pertenecía a un vídeo publicado en Youtube en 2008.

El País cometió un error. No hay que hacer sangre de ello, pues la historia del Periodismo en España nos deja un gran legado de patinazos de distintos medios de comunicación. Sin embargo, tampoco hay que dejarlo de lado. Nada menos que 225.000 euros costó el desatino de El País, que anteriormente había pagado 15.000 euros por la fotografía. Así, por comentar, recordemos que, dos meses antes, 129 periodistas de ese diario fueron despedidos a través de un Expediente de Regulación de Empleo. Aunque no les sirve de excusa, es necesario leer sus explicaciones: Relato de un error de El País.

El dinero, por lo que veo, no es el problema. El reto en época de crisis es aguantar y salir delante de manera justa y proporcionando al público información de calidad. Los libros de Deontología y Ética Periodística sangran cada vez que se anuncia que trabajadores que han sacado adelante un medio de comunicación tienen que ser despedidos por mala gestión. El dinero está poniendo las cosas difíciles, sí, pero las grietas económicas no tienen que llevarse toda la culpa si analizamos, por ejemplo, que el sueldo del presidente ejecutivo de uno de los grupos de comunicación más importantes del país ascendió en 2011 a 8,2 millones de euros [Nota: ésta es la cifra que la empresa comunicó a la CNMV, pero, de acuerdo con el desglose que la firma hizo posteriormente ante el regulador estadounidense (SEC), el sueldo se sitúa en 13 millones de euros. Ahí es nada]. Un sueldo que, por cierto, el receptor considera normal (Mis emolumentos son los habituales del mercado, se atrevió a afirmar). No hace falta que indique de quién hablo, pues, por desgracia, no es el único alto ejecutivo de un grupo de comunicación que obtiene un sueldo desorbitado mientras cientos de trabajadores son enviados a sus casas “por culpa de la crisis”.

249420_491441904213872_1527802023_nAsí funciona este mundillo, pero los palos vienen de todas partes. Ya ni siquiera hacer bien tu trabajo es motivo suficiente para permanecer en la empresa. Si eres parcial, desempeñas mal tu trabajo, pero puedes conservarlo. Si eres imparcial, interrumpes a los entrevistados que no quieren responderte, tratas de igual manera a personajes de relevancia con el único objetivo de desenmascarar la verdad y eres líder de audiencia porque el público te considera un buen profesional…. Entonces estás despedido. Tampoco aquí hace falta desglosar nombres, ¿no?

Exclusivas falsas en primera y a cuatro columnas. Periodistas que adivinan el futuro y graban crónicas 24 horas antes de que se produzca el acontecimiento. Redacciones al 60% de su capacidad. Líderes de medios de comunicación con sueldos millonarios. Periódicos que se completan con noticias de agencia y notas de prensa fusiladas. Y miles de ejemplos más.

Nos estamos cargando el Periodismo, pero, ¿es el dinero el responsable? Nadie dijo que fuera fácil hacer Periodismo de calidad, pero tampoco lo fue para grandes figuras de esta profesión a las que la edad está retirando poco a poco. Como Enrique Meneses, recientemente fallecido, que para realizar su primer reportaje gastó en taxi tres veces más de lo que le pagaron por él. Hizo cuentas y determinó que salía ganando. Tal vez sea necesario que aquellos con poder para cambiar las cosas hagan cuentas y determinen con qué opción sale ganando la sociedad (ante la que, recordemos, el Periodismo rinde servicio):

a) despidiendo a la mitad de su plantilla e intentando vender a los lectores información con menos calidad y noticias del día anterior;

b) ajustando las cuentas, buscando nuevos flujos de financiación y creando un producto de calidad por el que la gente esté dispuesto a pagar.

Que elijan ellos. Se están poniendo las cosas difíciles por aquí abajo; sería un gran detalle que los jefazos bajaran de sus tronos para echar un vistazo. Mientras tanto, los que aman (¡y amamos!) la profesión seguiremos buscando la manera en que ésta nos haga feliz, que posiblemente no tenga que ver con anclarse en modelos tradicionales, sino utilizando nuestro potencial para crear un concepto nuevo. No tenemos poder ni dinero para ser líderes, pero para hacer buen Periodismo –Enrique Meneses lo demostró sobran 150 pesetas. ¿Alguien más tiene ganas?

“En esta profesión no se puede hacer lo mismo con menos gente y con menos medios […] si el periodismo es peor, la democracia también lo es”.
Isaías Lafuente

 Las fotografías han sido encontradas aquí.

 
3 comentarios

Publicado por en 28 de enero de 2013 en Platos preparados

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,

La supervivencia del periodista más fuerte

Charles Darwin

Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que lo estamos intentando.

Thomas Alva Edison

Este artículo ha sido publicado en Punto de Encuentro el 25 de octubre de 2012 (http://www.puntoencuentrocomplutense.es/2012/10/darwin-periodismo-ere-elena-lozano-santamaria/).

Hace ya más de 150 años que el naturalista inglés Charles Darwin publicó su famosa teoría en El origen de las especies. Sus conclusiones, alabadas entonces y ahora por la comunidad científica, determinaron, entre otras cosas, que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común, mediante un proceso de conservación o supervivencia de los más adecuados que él mismo denominó “selección natural”.

La teoría de la supervivencia de los más aptos es una de esas materias que se graban a fuego al estudiar Biología en el colegio. Desde la primera lectura de El origen de las especies hasta la etapa adulta, si se observa con detenimiento la sociedad, no es difícil llegar a esas mismas conclusiones. En Periodismo, por ejemplo, se nos educa directamente en la supervivencia del más fuerte y en la competición como única alternativa al desempleo o a una vida infeliz. Entre los profesores de Periodismo están extendidas, principalmente, dos actitudes: o bien intentan insuflar a los alumnos su fuerte pasión por la profesión, o bien se creen enviados especiales de las altas esferas para tratar de disuadirles, recordándoles en cada clase que se trata del peor oficio del mundo o, al menos, de que está reservado solamente para unos pocos y que es imposible que todos lleguen a la meta. El primer paso para convertirse en periodista es sobrevivir al desánimo que tantos buscan imponer en todo aquel que lo intenta.

Si Darwin levantara la cabeza y echara un vistazo a las condiciones en las que los estudiantes de Periodismo desarrollan su periodo de prácticas, abandonaría sus estudios sobre palomas y, de inmediato, cambiaría de sujeto. El becariato es una fuente inagotable de experiencias, la mayoría muy positivas. Las primeras entrevistas y ruedas de prensa, colarse por primera vez en los entresijos de un medio de comunicación, los necesarios tropezones iniciales, los primeros contactos con los grandes profesionales… Al final de los primeros trabajos es maravilloso descubrir lo que has crecido y aprendido, no solo como periodista, pero el camino no es nada fácil. En ocasiones es obligatorio ‘pelear’ con compañeros de oficio por una entrevista, una apertura, unos segundos más de vídeo o en el aire… por ser el elegido, en definitiva, para dar el siguiente paso. Y a veces no es bonito ni sencillo, pero es lo que la profesión y, cada día más, la sociedad nos exigen para no quedarnos rezagados por el camino.

Por último, queda enfrentarse al mundo real, a esa jungla en la que no sirve de excusa ser aprendiz. Llega el momento de demostrar quién es el más fuerte y quién no está hecho para todas las horas que exige la profesión. Una de las primeras cosas que aprendes cuando asomas la cabeza en el Periodismo es que no existe el horario laboral. Las horas de entrada y salida de la redacción son más que flexibles, pero en el tiempo libre no es nada fácil desconectar de la actualidad, y lo habitual es acabar pensando a todas horas en el enfoque de un tema o las preguntas de una entrevista, aún estando fuera de la redacción. La falta de horario no es fácil de asumir, a veces no solo por el propio periodista, sino por la gente de su entorno. He ahí otra prueba de supervivencia del más fuerte.

Señalaba Darwin que la lucha por la existencia lleva a la conservación de las modificaciones provechosas de los instintos. Es decir, que somos los que somos por lo que han venido antes que nosotros, de los que hemos heredado sus mejores cualidades. Desde los primeros comunicadores hasta el periodista todoterreno del siglo XXI, necesariamente capaz de cubrir, redactar para el papel, fotografiar, sintetizar para la web y twittear un hecho noticioso, todo con la mayor rapidez posible. El periodista 2.0 no es más que el perfeccionamiento del periodista analógico en relación con las circunstancias actuales. La selección natural, decía Darwin, “ocasiona extinción y divergencia de caracteres”, lo cual viene a significar que si no te adaptas, desapareces de la competición.

¿Solo llegarán los mejores? Darwin no se equivocó. La vida del siglo XXI nos prepara indefectiblemente para la competición constante. Y el Periodismo, un oficio de 24 horas al día, 7 días a la semana, no es una excepción. Especialmente ahora, que el miedo a los monstruos de los Expedientes de Regulación de Empleo conviven con la actualidad en el trabajo diario de las redacciones. Sobrevivir a todo eso es posible que no te convierta en el mejor o el más famoso, pero sin duda es la única llave para cumplir el sueño de vivir de esta profesión. Triunfar como periodista es un acto de supervivencia. Pero, ¿acaso hay algo en la vida que no lo sea?

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Arte (bastante) dramático

Una no sabe si quedarse durmiendo o salir corriendo.

Pero, ¿hacia dónde?

Es la tormenta. Sí, tiene que ser la tormenta la que nos está haciendo perder los papeles. Sabíamos (o, al menos, intuíamos) que la crisis nos iba a hacer cambiar la estructura de la obra, que los actos y las escenas se multiplicarían, pero no se nos pasó por la cabeza que podría destruir los guiones y redistribuir los papeles, lanzándolos al aire y repartiéndolos al azar. Tiene que haber sido el viento de la tormenta, porque, de repente, hemos perdido el Norte.

El guion ha cambiado, y el verano ha dejado de ser la estación más feliz del año para convertirse en un hervidero de informaciones negativas. Con nosotros, la época estival ha madurado y las noticias que han copado la escena informativa estos días, por sorprendente que pueda parecer, no han tenido nada que ver con el calor. Y con ellas, unos cuantos personajes que se presentaron al casting para secundarios, han acabado protagonizando nuestras vidas. Los papeles de jueces y abogados han cambiado de actores. Algunos diarios y televisiones, a raíz de la horrible noticia del presunto asesinato de dos niños a manos de su padre, han encontrado la excusa perfecta para aumentar sus ventas unos días. Resulta que, a veces, la sangre vende más que una verdad matizada, y hay quien no ha dudado en saltarse la oposición y, de paso, sus principios, para convertirse en juez y, ya que estamos, en el rey del share y del kiosko.

La comunidad twittera, por otra parte, también adopta de vez en cuando papeles que nunca se le concedieron. La influencia de los 140 caracteres es tan grande, que a veces mueve montañas, o casi. Un vídeo bastante personal de una concejala (no importan el nombre, el partido ni el contenido) fue publicado y difundido por todo el país en cuestión de horas. La mujer, que sin comerlo ni beberlo se convirtió en protagonista, retiró su dimisión al verse apoyada por la comunidad de las frases breves, que, en una suerte de fenómeno sociológico, interpretó un papel de Óscar como abogada y le ganó el juicio a la hipocresía y los prejuicios de quien solo gastaba su tiempo lanzando insultos por el desafortunado vídeo.

Me pregunto qué diría alguien que hubiera pasado los últimos diez años en coma y despertara de repente en este país de panderetas que hemos montado. La sola figura del tertuliano de los programas en un tiempo llamados de cotilleos dispararía sus ganas de volver al sueño. Es probable que se asustara de lo que estamos haciendo con todo. Igual es que estos tiempos solo los podemos aceptar los que hemos nacido en ellos. Pero de lo que no se sorprendería sería de ver toros en la televisión pública. Espontáneamente han vuelto a aparecer esas imágenes en las que el negro, el granate y el camel son protagonistas absolutos. Hasta en los colores ha cambiado la jerarquía y los secundarios han vencido a los protagonistas. Y, con los toros televisados, regresa el debate. Vuelve la cortina de humo a colmar nuestras conversaciones, mientras hay quien aprovecha la distracción general para recortarnos, a golpe de IVA, la sonrisa mañanera, las tontas alegrías y los sueños de tener un futuro.

¿Dónde quedaron los buenos tiempos? Nos educaron en que son los buenos los que triunfan al final de la película, pero de momento los malos nos están ganando la batalla. Será que aún queda mucho para el desenlace, porque las obras maestras nunca terminan en un punto álgido, que es donde nos encontramos ahora. Un momento en el que a los veinteañeros nos llaman generación perdida, justo cuando los principios de este país parecen regirse por una pandereta. Que levante la mano quien esté harto de ser llamado “miembro de una generación perdida”. Porque… perdida, ¿de qué? No conozco a muchos jóvenes a los que pueda meter en el saco de vidas perdidas, aunque es cierto que son tiempos raros. Estos son los años que relataremos a nuestros nietos como los peores de nuestras vidas, como aquellos en los que la tormenta y algunos personajes dotados de paraguas aprovecharon para robarnos las ilusiones durante un tiempo. Durante un tiempo, porque la tormenta siempre se pasa.

Pero seguro que, dentro de 50 años, en las verbenas de la pérgola te encontrarás a unos pucelanos que tuvieron que pasar su juventud con más paro del que hubieran querido, con menos oportunidades de las que se merecían, con más tijeretazos de los necesarios, con más mentiras de las deseables. Serán pucelanos que, rondando ya los 70, recordarán aquellos años en que los jóvenes eran metidos, con injusticia, en el mismo saco, como si todos fueran borrachos insolidarios, ninis apolíticos, vagos redomados, ronaldos tristes o pijos con manos de porcelana.

Víctor M. Vela, El Norte de Castilla, Fiestón feat. Pucela

 
Deja un comentario

Publicado por en 17 de septiembre de 2012 en Platos preparados

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,

Oda a una vida estable

La vida es lo que pasa mientras retrasas la alarma del despertador cinco minutos más

A los jóvenes de hoy en día, con la excusa de la crisis, se nos está educando en la idea de que lo temporal, lo breve, lo efímero, es el futuro. La sensación de estar de paso en todas partes, de que todo es temporal. Tras décadas en las que se promulgaba la estabilidad, resulta que pasar un breve periodo de tiempo en mucho sitios es el futuro de todo. Aquí también es necesario un cambio de modelo. Lo peor y lo mejor de la crisis será precisamente eso, que nos obligue a removernos por dentro, a cambiar lo que creíamos fuertemente enraizado en nuestras vidas y a volver a pensar qué estamos haciendo.

En Periodismo es muy fácil distinguir quién tiene vocación y quién no. Basta con observar a un sujeto cualquiera y sus reacciones ante un acontecimiento importante de la actualidad. Si simplemente observa lo que ocurre, mientras sus intestinos se mantienen en el mismo estado de tranquilidad, no está hecho para el oficio. Si, sin embargo, no puede despegarse de Internet y siente un gusanillo en el estómago que le indica que se moriría por estar en una redacción sintiendo la adrenalina que produce la última hora… Entonces estamos ante una verdadera vocación. Parece una tontería, pero es importante tenerlo claro a la hora de elegir este oficio.

En este mundillo más que en ningún otro se nos inculca el estar de paso en muchos “trabajos” como primer movimiento para convertirte en lo que verdaderamente quieres ser. Pruebe a preguntar a cualquier estudiante en prácticas su opinión sobre las historias, tan comunes antes e irrepetibles ahora, de todos los compañeros que comenzaron en el periódico de prácticas y se quedaron durante 20 años. Descubrirá un profundo rechazo del estudiante preguntado, quien seguramente sostiene un profundo odio por las citadas historias, consecuencia directa del hecho de que él no tendrá esa oportunidad. Esas historias ya no son comunes, no se repetirán hasta dentro de muchos años. Y, entretanto, ahí nos encontramos los futuros periodistas, saltando de una redacción a otra, de una emisora a otra, de un estudio a otro sabiendo en cada paso que no podremos quedarnos allí. Acostumbrándonos a un montón de paredes que nunca nos verán crecer, porque no hay sillas para nadie más.

Y, sin embargo, los que verdaderamente queremos ser periodistas, los que guardamos esa vocación en lo más profundo de nuestros agobiados cerebritos para que no se marchite ni con síntomas diagnosticables de estrés crónico, en ningún caso renunciamos a pasar dos meses entre esas paredes, porque sabemos que, junto a los profesionales que allí trabajan, van a transmitirnos muchas más capacidades periodísticas de las que nos dio tiempo a aprender en cinco años de carrera o, al menos, por disfrutar durante algunas semanas del pánico a la hoja en blanco y de ese gusanillo, que aparece con los grandes acontecimientos y es el culpable de que salgamos de la redacción sonriendo, a pesar de haber pasado allí todo el día. Todo es maravilloso, todo son piruletas y palomitas durante esas valiosas semanas, pero cuando terminan siempre nos queda una sensación de vacío, la que nos produce esa temporalidad horrible que nos quieren vender como nueva forma de vida. La vida construida con pequeños trocitos de vidas perfectas no es buena vida, nos dice la experiencia que comenzar una vida distinta cada mes de septiembre va a terminar por desgastar nuestro ánimo.

La desazón, el quedarse parado, el dejar de soñar… son las tentaciones que hemos creado en el siglo XXI y de las que es necesario correr en dirección contraria. No claudiquemos ante las exigencias de una crisis mayúscula en un país en el que se nos instruye que lo temporal es el futuro mientras se nos fuerza a pensar que ganar dos Eurocopas y un Mundial es “ser eterno”. No me malinterprete, que yo el fútbol lo respeto como a lo que más, pero me confunden tantas alabanzas y una cobertura de medios tan exagerada como para tener a los mejores profesionales del Periodismo televisivo nerviosos y pendientes de que el avión de la Selección aterrice… Pero no nos vayamos del tema, que aquí lo importante es que el miedo no devore nuestra cordura y que sepamos aprender de los pequeños trocitos de vida ideal que nos gustaría convertir en eternos. Y que el desánimo no nos gane la batalla. Nada más.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

La aguja y el pajar

Viñeta de Antonio Mingote

En el periódico se ve en seguida, nada más hojearlo, que el mundo, en general, es un sitio espantoso, atravesado por desagracias, ulcerado de hecatombes, de las variedades más inauditas de la explotación y la crueldad, anegado de miles de millones de vidas humanas que pululan arrasándolo como una plaga global de termitas, y la mayor parte de las cuales transcurren, del nacimiento a la muerte, de manera espantosa, entre la miseria, el dolor y la oscuridad, en un hacinamiento parecido al de los dibujos de Brueghel.

Ventanas de Manhattan,

Antonio Muñoz Molina

El músico de la estación de Guzmán el Bueno entona No woman no cry, como cada mañana a las nueve y treinta y cinco, junto a las cintas transportadoras de personas. La prisa y el sueño madrileños, con resaca ambos de la fiesta de San Isidro, se ven interrumpidos por la detención del metro, que, por dificultades técnicas, no arranca hasta transcurridos cinco minutos (una locura de desfase horario en una ciudad que no permite la relajación ni en los parques, siempre abarrotados). Al-Jazeera y Al-Arabiya protagonizan la lección de Sistema Mundial de la Información. Más tarde, degusto, en la medida en que se me permite, un café con leche fría y una barrita de cereales con frutas rojas. Despliego virtualmente la primera página de El País y leo: “La prima cae de 500 puntos tras marcar otro máximo histórico”. No hace falta explicar de qué prima se trata. Otra feliz mañana truncada por el agobiante futuro de nuestros bolsillos.

A diferencia de lo que ocurría hace unos meses, las noticias sobre desagravios económicos, así como las anteriormente sorprendentes portadas de La Razón, han dejado de provocar un atragantamiento en mis desayunos y se han convertido en irremediablemente habituales. Una servidora se ha cansado ya, definitivamente, de emplear la palabra crisis como conclusión a toda conversación. La sensación de agobio generalizado por el futuro, o peor aún, por el presente, ha dejado de ser una novedad y, por ello, me veo en la tesitura de tener que defender a capa y espada el optimismo, que se ve peligrosamente amenazado por la tormenta que, no podemos negar, se está tomando su tiempo antes de marcharse. 

Viñeta de Forges

¿Hay motivos para el desaliento? Desde luego, pero la clave para una vida mental sana reside en no ser permeable a él. Buscar un optimista en este país se ha convertido en una hazaña más admirable que encontrar una aguja en un pajar. Sin embargo, y sin ánimo de abuelocebolletizarme, creo que es posible obtener diariamente, al menos, una infusión de optimismo. Abril nos ha tenido a más de uno haciendo equilibrismos sobre la frontera entre el optimismo y el pesimismo, pero, por fortuna, la red de seguridad que había debajo nos ha permitido no caer.En Periodismo hay ciertos enunciados que se repiten constantemente. Cada estación, cada acontecimiento y cada sección tienen las suyas propias. Por poner un ejemplo: los ciudadanos están llamados a las urnashoy España vive su fiesta de la Democracia el voto de los indecisos será clave son típicas del periodo de elecciones. Con la crisis, nos han llegado unas cuantas; entre ellas, máximo histórico. Había un tiempo, recuerdo, en el que nos provocaba gran sensación de alegría y orgullo escuchar esa expresión… eran tiempos en los que el paro no figuraba como la primera de las preocupaciones de los españoles y no teníamos ni remota idea de lo que prima de riesgo iba a significar. Ahora, sin embargo, hemos gastado en tal medida la esencia de la palabra récord que ya no nos sorprende que la prima de riesgo alcance un máximo histórico, pues lleva haciéndolo sistemáticamente desde hace meses.

Fuente: Twitter

El pasado sábado, por primera vez acudí a una concentración del movimiento ciudadano del 15-M. Estábamos de aniversario y unas 30.000 personas salieron a las calles de Madrid a celebrarlo. Fue mi inyección de positivismo de la semana. Pese a lo que pueda parecer por actuaciones como el desalojo de la plaza de Sol en la madrugada del sábado al domingo, esta movilización ciudadana no debe ser motivo de preocupación, por lo que resulta difícil de comprender que intente ocultarse algo tan grande. Opiniones sobre el 15-M hay muchas, pero lo que es innegable es que por primera vez desde hace mucho tiempo, el debate político se ha trasladado a las calles y hay una parte muy grande de la población que ya no quiere seguir esperando a ser rescatada por unos políticos carismáticos y prometedores (algo que se ha demostrado con creces que no casa con las costumbres de nuestro país), sino que prefiere hacer todo cuanto esté en su mano para demostrar que, al menos, no está de acuerdo con lo que está pasando. Me parece muy positivo reconocer que, con lo mal que está la situación económica del país y de cada familia en concreto, el movimiento ciudadano ha resultado ser pacífico y no violento. Hay motivos para el desaliento, sí, pero no podemos dejar que la batalla la gane la desazón, porque entonces sí habrá una crisis irrevocable. 

La normalidad es una fuerza geológica, lenta como el curso de un glaciar, y cada persona se aferra infinitesimalmente a la suya, porque casi nunca puede hacerse otra cosa, y porque las amenazas siempre son abstractas, mientras que la vida inmediata es tan precisa, tan rica en pormenores, que no puede someterse a categorías ni a dictámenes generales sobre el estado de ánimo de una ciudad entera o de un país o sobre las expectativas de lo que puede o no puede ocurrir.

Ventanas de Manhattan,

Antonio Muñoz Molina

 
Deja un comentario

Publicado por en 17 de mayo de 2012 en Platos preparados

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,