RSS

Archivo de la etiqueta: Madrid

Lunes

Los lunes poseen la inconmensurable capacidad de calmar las tormentas. Pocos acontecimientos ostentan el poder de paralizar la vida del metro, así que el inicio de la semana es un reinicio siempre. Y hoy parecía un lunes cualquiera. El metro no admite lutos. El trabajo espera y es un lujo atreverse a perder cada tren. Era un lunes cualquiera, pero los periódicos hoy no hablaban del tiempo. Hablaban de fútbol, sí, pero en pequeñito, porque copaba los titulares el forjador de la democracia, el presidente que inventó otra España, el mito de la Transición, el gran presidente del pacto, el líder que unió a los españoles. No son mías: son palabras de tinta.

1395424609_922486_1395424669_noticia_normal

De Forges, claro.

No estaba de acuerdo toda la prensa en qué pasó el sábado por las calles de Madrid. Como cada vez, bailan las cifras y tiemblan las manos de quienes contemplan la violencia con la que termina una defensa de la dignidad. Vuelan las culpas y pueblan los medios los testimonios de cada parte. ¿Cuándo nos convertimos en dos bandos? Van marchándose los artífices de la Transición y la democracia va faltando poco a poco. Se la jugaron por conseguirnos unas libertades que vamos lentamente perdiendo. Si Suárez impulsó la pluralidad política, hoy en día hablar en la calle sale caro. Tanto que las manifestaciones ya no llevan tal nombre, sino marchas de la dignidad. Hemos llegado al punto en que hay que salir a reclamar algo tan humano como la dignidad en un país popularmente considerado como avanzado.

Esta tarde en el Congreso ha habido lágrimas, señales de la cruz y palabras, muchas palabras. De respeto y admiración, casi todas. Los que allí han estado señalan la alta y esperanzadora presencia de jóvenes que querían acercarse a homenajear y agradecer. Es que Suárez tenía tan adherido el consenso que ha conseguido llevarlo a los titulares y a las bocas de todos. Hay que ser muy bueno para que políticos, periodistas y ciudadanos hablen bien de ti… Al menos ahora. Hacemos uso de la pluralidad política que él impuso a cada rato, pero en esto estamos de acuerdo: estamos donde estamos gracias a él. Y eso no puede decirse de cualquiera. Qué envidia de altura política, la de un hombre que dimite cuando el bien de su país lo exige. En España ya no sabemos lo que es eso.

Poco queda por decir. Simplemente, adiós y gracias, Adolfo. No ha sido un lunes cualquiera.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Algo ha cambiado

Todos somos turistas

Ayer por la tarde, a eso de las ocho y diez, se dio una situación curiosa. En el ascensor de la salida a la calle de la estación de Canal coincidimos un chico y una chica de veintitantos, una señora de unos sesenta y pico y quien firma estas líneas. Tras comenzar el aparato el ascenso la joven, sin ánimo cursi, ni desagradable, ni entrometido, y sorprendiéndonos a todos, dijo: Es usted probablemente la mujer más elegante que he visto en toda mi vidaCon la misma naturalidad que podría haber dicho No sé si seguirá lloviendo. La mujer, que vestía un elegantísimo abrigo color lila con botones negros redondos de unos siete centímetros de diámetro cada uno, calzaba altos tacones y desprendía seguridad a borbotones, se sonrojó. Los cuatro nos miramos y nos sonreímos con complicidad. Al salir del ascensor, aunque ya era imposible verlo, en las cuatro caras implicadas se dibujó una sonrisa que duró unos instantes. Esta escena solía ser algo inimaginable en Madrid. Ya no. Algo está cambiando.Serendipity

La anécdota, que no es más que eso, puede parecer nimia a ojos que no lo hayan vivido en el momento, pero refleja una sensación que viene embargando a una servidora desde hace algún tiempo. Hace no demasiado, los días no tenían más color que el negro. No eran las vidas concretas, sino el sentimiento generalizado de angustia, de agobio, de falta de ganas, de miedo, de tensión. De no tener trabajo, de quedarse sin él repentinamente, o de estar a punto de perderlo. No había luz por la calle, sino competición y desgana. Las noticias buenas, por un tiempo, dejaron de existir. Es que no veíamos el horizonte. No ha habido un gran cambio, no se ha puesto fin a la batalla y la cosa no ha mejorado mucho. Creció el PIB un 0,1%, pero que levante la mano el que lo haya notado. Aumentó la venta de cestas de Navidad, sí, pero no hay más dinero en los bolsillos. La gente aún no tiene la seguridad de que esto vaya para adelante. Hay quien fue desterrado de su hogar y no tiene prevista la vuelta. Hay quien abandonó el país y se encontró un escenario terrible: las cosas no son más fáciles allí. Los tiempos oscuros no han pasado, pero algún matiz ha cambiado, algunas caras ya no son de color gris.

Quizás sea que cuando uno se vuelve pesimista es incapaz de detenerse en los colores y cuando las cosas van mejor es como cambiar de gafas. Quizás sea que todas esas buenas noticias que últimamente proliferan y que el cinismo que hemos heredado de la tormenta de la crisis nos impide disfrutar estén realmente ocurriendo. O quizás sea que, en realidad, llevamos tantos años deseando ver la luz al final del túnel que nos aferramos a cualquier sonrisa para sentenciar que estamos en el preludio de los buenos tiempos. Solo el tiempo lo sabe. No obstante, yo me subo al carro. No al de los hombres con traje que en conferencias sin preguntas intentan hacernos creer que gracias a ellos se está acercando el arcoíris. No al de los oportunistas que predican el ya lo sabía yo… cual mantra propio de los más pesados. No al de los que se suman el tanto minimizando el gran esfuerzo que solamente los ciudadanos hacen para salir de esta. Me subo al carro de las sonrisas desconocidas, de las cesiones de asiento en el autobús, de los pies que sujetan la puerta del metro cuando ven a alguien correr. Me subo al carro de la necesidad y el disfrute del optimismo.

Sí, saldremos de esta. Aunque los malos no lo reconozcan sabremos que ha sido solamente gracias a nuestro esfuerzo. No nos quedaba suerte y, si alguna vez la hubo, el año 13 nos la arrebató. Lo hemos hecho todo nosotros, hemos perdido mucho y a muchos en el camino, pero estamos saliendo. A pie. Y con la frente bien alta. Será que era verdad aquello que la profesora de Física y Química repetía a todas horas para convencernos de que estudiáramos: el esfuerzo siempre sale adelante. Feliz recuperación.

Nota al pie: Ayer falleció Manu Leguineche, el jefe de la tribu, lo que por unos momentos ennegreció el día. Hasta que llegó a mis ojos este texto maravilloso que escribió Juan Cruz y que lleva impregnado en cada palabra lo que la vida significa. Y la tristeza por la muerte de un maestro dejó paso a un gracias con sonrisa. “No tuvimos infancias felices, pero tuvimos Vietnam”.

 
6 comentarios

Publicado por en 23 de enero de 2014 en El viaje del elefante, Elefantes

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

Esperanza en conserva

Los viajes largos en metro siempre evocan demasiados recuerdos. Sentada en el cuarto vagón del tren de la línea cuatro que a las cuatro y veinte pasa por Colón pienso en el futuro que vamos a tener que pelear. Completamente absorta en La revolución de los vikingos pienso si tiene salida un país en el que es demencial confiar, porque todos sus pilares están corruptos. Las uñas esmaltadas de color coral están llenando sus páginas de rayones. ¿Qué futuro nos va a tocar? Uno nunca conoce la ferocidad del monstruo del paro hasta que se planta ante él cara a cara. Y hasta que no se pierde la rutina no se descubre lo fácil que es dejar de esforzarse, de leer, de escribir. Y de luchar. Cuánto se tarda en aumentar la media de horas diarias frente a la televisión, aquella de la que nos reíamos cuando éramos reyes.

La única alternativa al paro es la lucha. Lo único que nos sacará de esta serán las ganas de vivir dignamente. A la altura de Goya levanto la vista de las letras. Entra en el vagón un hombre con camisa a cuadros. Tiene acento argentino. Saluda, comenta su desgraciada historia y pide disculpas por lo que está a punto de hacer. Coloca su mano en la barra, toma aire y comienza a cantar. Yo adivino el parpadeo de las luces que, a lo lejos, van marcando mi retorno… Imagino su historia. Recién llegado de Argentina, hace diez años, con una ancha sonrisa. Aún la conserva, a pesar de ganarse la vida cantando de metro en metro, como un artista de los de siempre. Es posible que ahora deba volver. Con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien.

Elena Lozano Santamaría

Tengo el libro cerrado sobre mi regazo, con uno de mis dedos colocado entre las páginas 48 y 49. Este diálogo constituye el ejemplo clásico de lengua diplomática donde cada parte cree entender a su interlocutor sin que las conclusiones sean comunes. Los vikingos dijeron basta. Se hartaron de que les tomaran el pelo, pero nosotros no seguimos su ejemplo, sino el de quienes tiraron sus ilusiones por el retrete. Miro a mi derecha y contemplo cómo mi maleta espera paciente la llegada de la estación de Hortaleza. Nunca he tenido en la vida compañero más inseparable que esa pequeña caja de tela de color azul, con su asa que se atasca y las tarjetas de embarque de los últimos tres años perfectamente guardadas en su bolsillo trasero. Me pregunto a dónde me llevará el año que viene y si conseguiré algún día colocarla en lo alto del armario sin tener que bajarla cada mes de septiembre. Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada. La tormenta me está robando mis próximos veinte años y me empuja sin remordimiento alguno a traicionar a la pequeña que creaba sus propias revistas en casa y grababa programas de radio con su hermana. Me río. Hoy también me han preguntado que por qué no escribo un libro.

Y yo, que sigo empeñada en que este es el mejor oficio del mundo y en que este es un buen país mantengo la esperanza en conserva, porque no es peor para nosotros estar parados que para ellos que nunca dejemos de luchar. Gardel sabía de lo que hablaba.

Pero el viajero que huye
tarde o temprano
detiene su andar.

Y aunque el olvido,
que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,

guardo escondida
una esperanza humilde
que es toda la fortuna
de mi corazón.

Volver.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Pulmones

Inglourious Basterds

De nuevo, días repletos de nada, de gris y de niebla. Hay demasiados pulmones ahí fuera intentando desestabilizar nuestro mundo. Demasiados balones de oxígeno salvando las vidas que nosotros no podemos rescatar. Este fin de semana el oxígeno se terminó para Enrique Meneses, el mejor ejemplo de que el Periodismo no se aprende en las aulas, sino en la calle. Un hombre cuya sangre era tinta y cuyos ojos fotografiaron tanto la crueldad más pura del ser humano como su cara más amable. Él se marcha, pero nosotros nos quedamos a echar el último baile.

Cada semana se cae en el riesgo de echar de menos el aire contaminado de Madrid. Las vías respiratorias están más tranquilas, sí, pero la cabeza está demasiado relajada cuando empieza una a reacostumbrarse al ritmo lento de Valladolid. Ahora que 2013 se presenta como un gigante imbatible lleno de pruebas desde los primeros días, crecen las oportunidades, el desaliento, los sueños y las pesadillas. Y, sobre todo, los sobresaltos sin motivo en medio de la noche y las pequeñas obsesiones sin sentido.

Las Navidades siempre son familiarmente productivas. Las calles se llenan y Valladolid, por unos días, parece habitada. Se enfrentan a la crisis los langostinos, los Reyes Magos y el carrusel de la Plaza Mayor. Hay más colores que de costumbre. Sin embargo, las Navidades tienen un problema. Es esa sensación de vacío que dejan a su paso, ese miedo repentino a no se sabe qué. Los días más felices ocurren a final de año, cuando aún no nos ha dejado ciegos la excesiva iluminación de las calles. En enero, los días siempre son de color rojo.

Hay quien está perdiendo el aliento, pero aún hay otros pulmones que nos recuerdan que la vida va en serio y que llegar a la meta ha de ser nuestro latido. Que no entre líquido malicioso en ellos, sino aire puro, como el que Trapseia intenta insuflarme gracias a su pequeño reconocimiento. La vida puede ser maravillosa. Quizás no hoy, pero sí mañana. 

farito_cordura farito_los4p

 
2 comentarios

Publicado por en 9 de enero de 2013 en El viaje del elefante, Elefantes

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,

El principio del camino

“El futuro no está por venir. El futuro es lo que hacemos ahora”

Este no es el final de su vida, sino el inicio de una vida distinta

Es ley universal que todas las despedidas dejan un extraño sabor de boca. Esta, sin duda, se merece unas palabras. Si todo va bien, el mes que viene no habrá facultad a la que acudir a diario a aprender Periodismo. No habrá universidad de la que quejarse ni compañeros con los que reírse del futuro. Bueno, los habrá, pero nuestros escenarios ya no serán los pasillos de Filosofía y Letras, esa facultad en la que con mucho orgullo nos hemos colgado el título de “más numerosos y más ruidosos” que los demás estudiantes de Letras. El pasado sábado se habló durante muchas, muchísimas horas de futuro. Los que pasamos de graduandos a graduados nos sentimos unidos en el desprecio a la pregunta: ¿Qué vas a hacer el año que viene? Un discurso, muchas conversaciones o incontables bailes nos ligaron también en la obligación de darle a estos cinco años de carrera un final digno que haga honor a todos los sentimientos y pensamientos que nos han asaltado durante los que dentro de algún tiempo recordaremos como aquellos maravillosos años.

Hoy la vida nos obliga a madurar. Nos han repetido hasta la saciedad que hoy es el día en el que nos hacemos adultos, que es el momento de enfrentar la vida, que hoy empezamos a vivir. La pregunta ¿Qué quieres ser de mayor? ya no tiene proyección futura, sino que debería haber sido ya respondida. Bueno, no hay que ponerse tan melodramáticos, mejor intentemos resolver otras ecuaciones, como aquellas que nos lleven a descubrir quién queremos ser de mayor, es decir, quién queremos ser. Estos son los días en los que el corazón se ablanda y las gargantas tiemblan. En estas fechas solo se reciben mensajes de ánimo a través de palabras emotivas de personas maravillosas que han sido compañeros de camino durante estos años y que lo serán a partir de ahora, pero en una selva mucho más grande, más competitiva y más dispuesta a borrarnos de las listas.

Es imposible resumir lo que esta carrera ha significado para cada uno de los que la elegimos. Con ella y por ella hemos crecido, madurado y aprendido a vivir, a conocernos y a valorarnos. Nuestros ojos y su forma de ver el mundo, de leer los periódicos, de entender la vida… han cambiado radicalmente desde aquel día en que seleccionamos el Periodismo como nuestra primera opción de vida. Sin embargo, debo confesar que lo que más ha significado para mí de esta carrera han sido las personas que he conocido a través de ella en Valladolid, Lieja y Madrid, y, por supuesto, los lugares a los que esas relaciones me han llevado, tanto físicos como intangibles… entre ellos, a La cocina del elefante, donde me he quedado a vivir. De mis compañeros he aprendido lo que significa no dejarse amilanar ante una problema, no conformarse con el mundo que nos han dejado y no descansar hasta conseguir ser quien quieres ser. Y que las dificultades, por muy gordas que parezcan, siempre se hacen pequeñas después de un rato de sanas, contagiosas e irreductibles carcajadas. Con ellos he aprendido, reído, soñado, viajado, estudiado… pero también con ellos he llorado, me he frustrado y me he superado a mí misma. Uno nunca conoce sus límites hasta que se acerca a ellos, eso lo aprendí en el Camino de Santiago. Y un poeta contemporáneo me enseñó: Pie detrás de pie, no hay otra manera de caminar.

Así se despedía de nosotros una buena profesora: Que no temáis a ningún Poseidón (crisis o como quieran llamarlo), mantened alto el pensamiento y limpia la emoción. Así lo haremos, no quepa duda, porque el futuro es para los valientes. Palabra de elefante.

 
4 comentarios

Publicado por en 25 de junio de 2012 en El viaje del elefante, Elefantes

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

La aguja y el pajar

Viñeta de Antonio Mingote

En el periódico se ve en seguida, nada más hojearlo, que el mundo, en general, es un sitio espantoso, atravesado por desagracias, ulcerado de hecatombes, de las variedades más inauditas de la explotación y la crueldad, anegado de miles de millones de vidas humanas que pululan arrasándolo como una plaga global de termitas, y la mayor parte de las cuales transcurren, del nacimiento a la muerte, de manera espantosa, entre la miseria, el dolor y la oscuridad, en un hacinamiento parecido al de los dibujos de Brueghel.

Ventanas de Manhattan,

Antonio Muñoz Molina

El músico de la estación de Guzmán el Bueno entona No woman no cry, como cada mañana a las nueve y treinta y cinco, junto a las cintas transportadoras de personas. La prisa y el sueño madrileños, con resaca ambos de la fiesta de San Isidro, se ven interrumpidos por la detención del metro, que, por dificultades técnicas, no arranca hasta transcurridos cinco minutos (una locura de desfase horario en una ciudad que no permite la relajación ni en los parques, siempre abarrotados). Al-Jazeera y Al-Arabiya protagonizan la lección de Sistema Mundial de la Información. Más tarde, degusto, en la medida en que se me permite, un café con leche fría y una barrita de cereales con frutas rojas. Despliego virtualmente la primera página de El País y leo: “La prima cae de 500 puntos tras marcar otro máximo histórico”. No hace falta explicar de qué prima se trata. Otra feliz mañana truncada por el agobiante futuro de nuestros bolsillos.

A diferencia de lo que ocurría hace unos meses, las noticias sobre desagravios económicos, así como las anteriormente sorprendentes portadas de La Razón, han dejado de provocar un atragantamiento en mis desayunos y se han convertido en irremediablemente habituales. Una servidora se ha cansado ya, definitivamente, de emplear la palabra crisis como conclusión a toda conversación. La sensación de agobio generalizado por el futuro, o peor aún, por el presente, ha dejado de ser una novedad y, por ello, me veo en la tesitura de tener que defender a capa y espada el optimismo, que se ve peligrosamente amenazado por la tormenta que, no podemos negar, se está tomando su tiempo antes de marcharse. 

Viñeta de Forges

¿Hay motivos para el desaliento? Desde luego, pero la clave para una vida mental sana reside en no ser permeable a él. Buscar un optimista en este país se ha convertido en una hazaña más admirable que encontrar una aguja en un pajar. Sin embargo, y sin ánimo de abuelocebolletizarme, creo que es posible obtener diariamente, al menos, una infusión de optimismo. Abril nos ha tenido a más de uno haciendo equilibrismos sobre la frontera entre el optimismo y el pesimismo, pero, por fortuna, la red de seguridad que había debajo nos ha permitido no caer.En Periodismo hay ciertos enunciados que se repiten constantemente. Cada estación, cada acontecimiento y cada sección tienen las suyas propias. Por poner un ejemplo: los ciudadanos están llamados a las urnashoy España vive su fiesta de la Democracia el voto de los indecisos será clave son típicas del periodo de elecciones. Con la crisis, nos han llegado unas cuantas; entre ellas, máximo histórico. Había un tiempo, recuerdo, en el que nos provocaba gran sensación de alegría y orgullo escuchar esa expresión… eran tiempos en los que el paro no figuraba como la primera de las preocupaciones de los españoles y no teníamos ni remota idea de lo que prima de riesgo iba a significar. Ahora, sin embargo, hemos gastado en tal medida la esencia de la palabra récord que ya no nos sorprende que la prima de riesgo alcance un máximo histórico, pues lleva haciéndolo sistemáticamente desde hace meses.

Fuente: Twitter

El pasado sábado, por primera vez acudí a una concentración del movimiento ciudadano del 15-M. Estábamos de aniversario y unas 30.000 personas salieron a las calles de Madrid a celebrarlo. Fue mi inyección de positivismo de la semana. Pese a lo que pueda parecer por actuaciones como el desalojo de la plaza de Sol en la madrugada del sábado al domingo, esta movilización ciudadana no debe ser motivo de preocupación, por lo que resulta difícil de comprender que intente ocultarse algo tan grande. Opiniones sobre el 15-M hay muchas, pero lo que es innegable es que por primera vez desde hace mucho tiempo, el debate político se ha trasladado a las calles y hay una parte muy grande de la población que ya no quiere seguir esperando a ser rescatada por unos políticos carismáticos y prometedores (algo que se ha demostrado con creces que no casa con las costumbres de nuestro país), sino que prefiere hacer todo cuanto esté en su mano para demostrar que, al menos, no está de acuerdo con lo que está pasando. Me parece muy positivo reconocer que, con lo mal que está la situación económica del país y de cada familia en concreto, el movimiento ciudadano ha resultado ser pacífico y no violento. Hay motivos para el desaliento, sí, pero no podemos dejar que la batalla la gane la desazón, porque entonces sí habrá una crisis irrevocable. 

La normalidad es una fuerza geológica, lenta como el curso de un glaciar, y cada persona se aferra infinitesimalmente a la suya, porque casi nunca puede hacerse otra cosa, y porque las amenazas siempre son abstractas, mientras que la vida inmediata es tan precisa, tan rica en pormenores, que no puede someterse a categorías ni a dictámenes generales sobre el estado de ánimo de una ciudad entera o de un país o sobre las expectativas de lo que puede o no puede ocurrir.

Ventanas de Manhattan,

Antonio Muñoz Molina

 
Deja un comentario

Publicado por en 17 de mayo de 2012 en Platos preparados

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El chico triste y solitario

Dime que es mentira todo, un sueño tonto y no más

Llevaba toda la vida muriéndose y nadie se lo creía. Siempre estaba ahí, en la reunificación de Nacha Pop, en los discos de sus amigos, en homenajes de otros o para él, o en esas noches entre semana, solitarias y frías, en la sala Clamores de un Madrid que creció con él. Con su guitarra y su mirada escurridiza, veías que la vida se cebaba con Antonio un día sí y otro también, pero su música, su alma, ofrecía siempre la promesa de un lugar mejor, un sitio humano y eterno fuera de las drogas y los problemas, donde solo los sueños se hacen realidad. Era como una leyenda urbana.

Fernando Navarro, El País (http://cultura.elpais.com/cultura/2009/05/12/actualidad/1242079204_850215.html)

 
Deja un comentario

Publicado por en 12 de mayo de 2012 en El viaje del elefante, Elefantes

 

Etiquetas: , , , , , , ,