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‘El sentido de un guisante’

10 Abr

Fuimos a volar en un solo paracaídas

Elena Lozano Santamaría - El sentido de un guisante (2)

Acabo de guardar el libro en la estantería. Ya forma parte de mi pequeño universo una de esas historias que me han tocado el alma y viven en la estantería soñando ser rescatadas de nuevo. Lo he colocado entre Muñoz Molina y Pérez-Reverte, cosas del alfabeto. Ya cobra sentido en mi estantería El sentido de un guisante. No está mal esta historia de perdedores. Podría haber rastreado lo bueno y malo que de ella se ha dicho ya y tirarme el pisto como crítica literaria, pero no engañaría a nadie. Dejaré que fluya el inconsciente y pondré el alma de las historias en la mesa. No desgranaré por qué Internet nos ha hecho perder naturalidad y frescura en lo importante, ni contaré cuál es el sentido de un guisante. Esta no es una historia de ganadores, pero tampoco de pardillos

El sentido de un guisante es una historia para aquellos que, como yo, disfrutan de las palabras como de cada bocado de un buen plato. Para los que nos gusta paladear el sentido de cada frase y repetir la lectura de cada una hasta que se grabe en el cuaderno de la memoria. Para los que nos gusta subrayar con lápiz lo que se nos subraya solo en el alma. Porque la vida está para gastarla, y los libros, para darles uso. Es cierto que este texto nos llega más a unos que a otros. Lo vivimos como propio los perdedores que nunca nos atrevimos a ganar de verdad, aquellos a los que en alguna ocasión nos llamaron pequeño rock & roll y que insistimos en profundizar, que es la única manera de entender este libro. Como todo en la vida. Ya lo dice el autor: Hay dos tipos de persona: los que hemos visto Californication y los que no.

Elena Lozano Santamaría - El sentido de un guisante (4)Uno puede pasarse toda la vida buscando una forma diferente de escribir, de dejar huella en cada letra. Su propio estilo. Existe el sueño de que alguien coja un texto y sepa reconocer su autoría sin leer la firma. Hay quien tarda una vida en conseguirlo, pero no es el caso del maestrillo Rubén. Él ya tiene un toque muy especial que lo define. Hay que avisar que no es un texto que se comprenda a primera vista, sino que hay que hacer un ejercicio de lectura entre líneas. Esta historia de perdedores no se entiende si se lee por encima. Pero, confíen en mí, merece la pena pasearse por sus páginas. Y hay un hombre (de fondo) que también escribe esta historia. Lo hace con melodías, pero viene a contarnos lo mismo Quique González. Que la vida te lleva por caminos raros. Que nunca quisiste ser de nadie. Es una delicia.

Recomendación de los elefantes: léanlo. Déjense atrapar por estas letras. Y háganlo con música del señor González, si puede ser. Agárrense al asiento con este muchacho. Puede haber nacido una estrella con estilo propio, así que no pierdan la pista del guisante: no querrán haber sido los últimos en enterarse.

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Publicado por en 10 de abril de 2013 en El viaje del elefante, Elefantes

 

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