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Archivos Mensuales: abril 2013

Esperanza en conserva

Los viajes largos en metro siempre evocan demasiados recuerdos. Sentada en el cuarto vagón del tren de la línea cuatro que a las cuatro y veinte pasa por Colón pienso en el futuro que vamos a tener que pelear. Completamente absorta en La revolución de los vikingos pienso si tiene salida un país en el que es demencial confiar, porque todos sus pilares están corruptos. Las uñas esmaltadas de color coral están llenando sus páginas de rayones. ¿Qué futuro nos va a tocar? Uno nunca conoce la ferocidad del monstruo del paro hasta que se planta ante él cara a cara. Y hasta que no se pierde la rutina no se descubre lo fácil que es dejar de esforzarse, de leer, de escribir. Y de luchar. Cuánto se tarda en aumentar la media de horas diarias frente a la televisión, aquella de la que nos reíamos cuando éramos reyes.

La única alternativa al paro es la lucha. Lo único que nos sacará de esta serán las ganas de vivir dignamente. A la altura de Goya levanto la vista de las letras. Entra en el vagón un hombre con camisa a cuadros. Tiene acento argentino. Saluda, comenta su desgraciada historia y pide disculpas por lo que está a punto de hacer. Coloca su mano en la barra, toma aire y comienza a cantar. Yo adivino el parpadeo de las luces que, a lo lejos, van marcando mi retorno… Imagino su historia. Recién llegado de Argentina, hace diez años, con una ancha sonrisa. Aún la conserva, a pesar de ganarse la vida cantando de metro en metro, como un artista de los de siempre. Es posible que ahora deba volver. Con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien.

Elena Lozano Santamaría

Tengo el libro cerrado sobre mi regazo, con uno de mis dedos colocado entre las páginas 48 y 49. Este diálogo constituye el ejemplo clásico de lengua diplomática donde cada parte cree entender a su interlocutor sin que las conclusiones sean comunes. Los vikingos dijeron basta. Se hartaron de que les tomaran el pelo, pero nosotros no seguimos su ejemplo, sino el de quienes tiraron sus ilusiones por el retrete. Miro a mi derecha y contemplo cómo mi maleta espera paciente la llegada de la estación de Hortaleza. Nunca he tenido en la vida compañero más inseparable que esa pequeña caja de tela de color azul, con su asa que se atasca y las tarjetas de embarque de los últimos tres años perfectamente guardadas en su bolsillo trasero. Me pregunto a dónde me llevará el año que viene y si conseguiré algún día colocarla en lo alto del armario sin tener que bajarla cada mes de septiembre. Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada. La tormenta me está robando mis próximos veinte años y me empuja sin remordimiento alguno a traicionar a la pequeña que creaba sus propias revistas en casa y grababa programas de radio con su hermana. Me río. Hoy también me han preguntado que por qué no escribo un libro.

Y yo, que sigo empeñada en que este es el mejor oficio del mundo y en que este es un buen país mantengo la esperanza en conserva, porque no es peor para nosotros estar parados que para ellos que nunca dejemos de luchar. Gardel sabía de lo que hablaba.

Pero el viajero que huye
tarde o temprano
detiene su andar.

Y aunque el olvido,
que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,

guardo escondida
una esperanza humilde
que es toda la fortuna
de mi corazón.

Volver.

 

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‘El sentido de un guisante’

Fuimos a volar en un solo paracaídas

Elena Lozano Santamaría - El sentido de un guisante (2)

Acabo de guardar el libro en la estantería. Ya forma parte de mi pequeño universo una de esas historias que me han tocado el alma y viven en la estantería soñando ser rescatadas de nuevo. Lo he colocado entre Muñoz Molina y Pérez-Reverte, cosas del alfabeto. Ya cobra sentido en mi estantería El sentido de un guisante. No está mal esta historia de perdedores. Podría haber rastreado lo bueno y malo que de ella se ha dicho ya y tirarme el pisto como crítica literaria, pero no engañaría a nadie. Dejaré que fluya el inconsciente y pondré el alma de las historias en la mesa. No desgranaré por qué Internet nos ha hecho perder naturalidad y frescura en lo importante, ni contaré cuál es el sentido de un guisante. Esta no es una historia de ganadores, pero tampoco de pardillos

El sentido de un guisante es una historia para aquellos que, como yo, disfrutan de las palabras como de cada bocado de un buen plato. Para los que nos gusta paladear el sentido de cada frase y repetir la lectura de cada una hasta que se grabe en el cuaderno de la memoria. Para los que nos gusta subrayar con lápiz lo que se nos subraya solo en el alma. Porque la vida está para gastarla, y los libros, para darles uso. Es cierto que este texto nos llega más a unos que a otros. Lo vivimos como propio los perdedores que nunca nos atrevimos a ganar de verdad, aquellos a los que en alguna ocasión nos llamaron pequeño rock & roll y que insistimos en profundizar, que es la única manera de entender este libro. Como todo en la vida. Ya lo dice el autor: Hay dos tipos de persona: los que hemos visto Californication y los que no.

Elena Lozano Santamaría - El sentido de un guisante (4)Uno puede pasarse toda la vida buscando una forma diferente de escribir, de dejar huella en cada letra. Su propio estilo. Existe el sueño de que alguien coja un texto y sepa reconocer su autoría sin leer la firma. Hay quien tarda una vida en conseguirlo, pero no es el caso del maestrillo Rubén. Él ya tiene un toque muy especial que lo define. Hay que avisar que no es un texto que se comprenda a primera vista, sino que hay que hacer un ejercicio de lectura entre líneas. Esta historia de perdedores no se entiende si se lee por encima. Pero, confíen en mí, merece la pena pasearse por sus páginas. Y hay un hombre (de fondo) que también escribe esta historia. Lo hace con melodías, pero viene a contarnos lo mismo Quique González. Que la vida te lleva por caminos raros. Que nunca quisiste ser de nadie. Es una delicia.

Recomendación de los elefantes: léanlo. Déjense atrapar por estas letras. Y háganlo con música del señor González, si puede ser. Agárrense al asiento con este muchacho. Puede haber nacido una estrella con estilo propio, así que no pierdan la pista del guisante: no querrán haber sido los últimos en enterarse.

 
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Publicado por en 10 de abril de 2013 en El viaje del elefante, Elefantes

 

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