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No olvidamos

20 Mar

“Entonces algunos éramos demasiado pequeños para entender lo que aún hoy es incomprensible”

El 20 de marzo de 2003 comenzó la guerra de Iraq, 95 minutos después de que terminara el plazo que George W. Bush había dado a Saddam Hussein para que abandonara el país. Bagdad comenzó a estallar. Solamente unos días después, el 8 de abril, el Hotel Palestina, en el que se alojaban los periodistas que cubrían la guerra de Iraq, fue bombardeado por un carro de combate estadounidense. Allí se encontraba un gallego de 37 años, cámara de informativos Telecinco e inseparable compañero del periodista Jon Sistiaga. Se llamaba José Couso Permuy. Su muerte, al igual que todas las ocurridas en similares circunstancias, conmocionó por entero a la profesión. También lo hizo la de Julio Anguita Parrado, periodista español, que había muerto el día anterior al sur de Bagdad.

Platos preparados - No olvidamos

Un par de años después de la muerte de Couso, el juez Santiago Pedraz ordenó la detención de los tres militares estadounidenses que perpetraron el ataque, pero el fiscal Pedro Rubira lo recurrió. Estados Unidos negó auxilio internacional al juez para esclarecer los hechos, lo que condujo a que la Audiencia Nacional archivara el caso. Se consideró que no era un asesinato, sino un acto de guerra contra un enemigo erróneamente identificado. Después de aquello, una sucesión de órdenes judiciales abrieron y cerraron el caso una y otra vez, pidiendo y revocando constantemente la orden de detención de los militares estadounidenses. Wikileaks dio a conocer en 2010 que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero fue presionado por EEUU para frenar el caso Couso. Tras conseguir viajar a Iraq para realizar una investigación en el terreno, Pedraz determinó que desde la posición que tenían los militares estadounidenses, la visión era perfecta y no había lugar a error. Determinó que el ataque formaba parte de un plan para evitar que los medios informaran sobre Bagdad. Un plan de EEUU. Y en este punto nos encontramos.

Han pasado diez años y aún hoy se coloca un nudo en la garganta al escuchar el relato de aquellos sucesos y al sentir que hay cosas que no nos han explicado. Sencillamente, la muerte de José Couso es incomprensible, como así lo es la participación de España en una guerra que, de por sí, no tenía mucho sentido. Se trataba de una guerra fundamentada en la mentira. Estados Unidos vendió una venganza mal dirigida en forma de justicia y nuestro país se la compró. Lo hicieron, al menos, nuestros altos dirigentes de entonces, quienes, con una incomprensible entereza, nos aseguraban que Iraq tenía armas de destrucción masiva. Que nuestras vidas corrían peligro cada día. Que estar en contra de la guerra era apoyar a Saddam Hussein. Sin embargo, las manifestaciones fueron históricas. El pueblo dijo “no” y, una vez más, fue silenciado. Fuimos ignorados cuando dijimos: No en mi nombre, no con mi silencio.

Platos preparados - No olvidamos (2)

El tiempo nos dio la razón, pero no explicaciones. Aún no sabemos nada, no conocemos ni una pequeña parte de lo que allí ocurrió. Hace unos días, El País sacó a la luz un vídeo horrible en el que soldados españoles torturaban a presos iraquíes durante la guerra de 2003. Nos llevamos las manos a la cabeza, pero no nos sorprende del todo. La guerra de Iraq está rodeada de un halo de oscuridad que no sabemos si algún día dejará pasar la luz. Han pasado diez años, pero no nos hemos olvidado ni de Couso, ni de Anguita, ni del No a la guerra, ni del Hotel Palestina, ni de las armas de destrucción masiva ficticias, ni del 11M, ni de las mentiras. No nos olvidamos de que pasaron por encima de nosotros para conservar sus intereses, como siguen haciendo cada día. El reto está en no dejarnos pisar, porque no pueden quitárnoslo todo: el recuerdo siempre será nuestro.

“¡Pero qué hija de puta es la vida!”, pensé para mí. Estaba más solo que nunca, más desamparado y más triste que nunca. Doce horas antes un carro de combate norteamericano había disparado un obús contra el hotel Palestina y había impactado junto a nuestra habitación, matando a mi compañero y amigo José Couso. La habitación, esa noche, se hizo hostil. Miré hacia la izquierda, a la cama de al lado, donde dormía Couso, donde todavía estaba el estuche de sus lentillas y una camiseta sucia, y volví a llorar.

Jon Sistiaga, Ninguna guerra se parece a otra

Recomendadísimo este texto del periodista Carlos Hernández. Otra historia que llega desde la habitación 1507 del Hotel Palestina.

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Publicado por en 20 de marzo de 2013 en Platos preparados

 

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