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Archivos Mensuales: julio 2012

Oda a una vida estable

La vida es lo que pasa mientras retrasas la alarma del despertador cinco minutos más

A los jóvenes de hoy en día, con la excusa de la crisis, se nos está educando en la idea de que lo temporal, lo breve, lo efímero, es el futuro. La sensación de estar de paso en todas partes, de que todo es temporal. Tras décadas en las que se promulgaba la estabilidad, resulta que pasar un breve periodo de tiempo en mucho sitios es el futuro de todo. Aquí también es necesario un cambio de modelo. Lo peor y lo mejor de la crisis será precisamente eso, que nos obligue a removernos por dentro, a cambiar lo que creíamos fuertemente enraizado en nuestras vidas y a volver a pensar qué estamos haciendo.

En Periodismo es muy fácil distinguir quién tiene vocación y quién no. Basta con observar a un sujeto cualquiera y sus reacciones ante un acontecimiento importante de la actualidad. Si simplemente observa lo que ocurre, mientras sus intestinos se mantienen en el mismo estado de tranquilidad, no está hecho para el oficio. Si, sin embargo, no puede despegarse de Internet y siente un gusanillo en el estómago que le indica que se moriría por estar en una redacción sintiendo la adrenalina que produce la última hora… Entonces estamos ante una verdadera vocación. Parece una tontería, pero es importante tenerlo claro a la hora de elegir este oficio.

En este mundillo más que en ningún otro se nos inculca el estar de paso en muchos “trabajos” como primer movimiento para convertirte en lo que verdaderamente quieres ser. Pruebe a preguntar a cualquier estudiante en prácticas su opinión sobre las historias, tan comunes antes e irrepetibles ahora, de todos los compañeros que comenzaron en el periódico de prácticas y se quedaron durante 20 años. Descubrirá un profundo rechazo del estudiante preguntado, quien seguramente sostiene un profundo odio por las citadas historias, consecuencia directa del hecho de que él no tendrá esa oportunidad. Esas historias ya no son comunes, no se repetirán hasta dentro de muchos años. Y, entretanto, ahí nos encontramos los futuros periodistas, saltando de una redacción a otra, de una emisora a otra, de un estudio a otro sabiendo en cada paso que no podremos quedarnos allí. Acostumbrándonos a un montón de paredes que nunca nos verán crecer, porque no hay sillas para nadie más.

Y, sin embargo, los que verdaderamente queremos ser periodistas, los que guardamos esa vocación en lo más profundo de nuestros agobiados cerebritos para que no se marchite ni con síntomas diagnosticables de estrés crónico, en ningún caso renunciamos a pasar dos meses entre esas paredes, porque sabemos que, junto a los profesionales que allí trabajan, van a transmitirnos muchas más capacidades periodísticas de las que nos dio tiempo a aprender en cinco años de carrera o, al menos, por disfrutar durante algunas semanas del pánico a la hoja en blanco y de ese gusanillo, que aparece con los grandes acontecimientos y es el culpable de que salgamos de la redacción sonriendo, a pesar de haber pasado allí todo el día. Todo es maravilloso, todo son piruletas y palomitas durante esas valiosas semanas, pero cuando terminan siempre nos queda una sensación de vacío, la que nos produce esa temporalidad horrible que nos quieren vender como nueva forma de vida. La vida construida con pequeños trocitos de vidas perfectas no es buena vida, nos dice la experiencia que comenzar una vida distinta cada mes de septiembre va a terminar por desgastar nuestro ánimo.

La desazón, el quedarse parado, el dejar de soñar… son las tentaciones que hemos creado en el siglo XXI y de las que es necesario correr en dirección contraria. No claudiquemos ante las exigencias de una crisis mayúscula en un país en el que se nos instruye que lo temporal es el futuro mientras se nos fuerza a pensar que ganar dos Eurocopas y un Mundial es “ser eterno”. No me malinterprete, que yo el fútbol lo respeto como a lo que más, pero me confunden tantas alabanzas y una cobertura de medios tan exagerada como para tener a los mejores profesionales del Periodismo televisivo nerviosos y pendientes de que el avión de la Selección aterrice… Pero no nos vayamos del tema, que aquí lo importante es que el miedo no devore nuestra cordura y que sepamos aprender de los pequeños trocitos de vida ideal que nos gustaría convertir en eternos. Y que el desánimo no nos gane la batalla. Nada más.

 

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