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Archivos Mensuales: junio 2012

El principio del camino

“El futuro no está por venir. El futuro es lo que hacemos ahora”

Este no es el final de su vida, sino el inicio de una vida distinta

Es ley universal que todas las despedidas dejan un extraño sabor de boca. Esta, sin duda, se merece unas palabras. Si todo va bien, el mes que viene no habrá facultad a la que acudir a diario a aprender Periodismo. No habrá universidad de la que quejarse ni compañeros con los que reírse del futuro. Bueno, los habrá, pero nuestros escenarios ya no serán los pasillos de Filosofía y Letras, esa facultad en la que con mucho orgullo nos hemos colgado el título de “más numerosos y más ruidosos” que los demás estudiantes de Letras. El pasado sábado se habló durante muchas, muchísimas horas de futuro. Los que pasamos de graduandos a graduados nos sentimos unidos en el desprecio a la pregunta: ¿Qué vas a hacer el año que viene? Un discurso, muchas conversaciones o incontables bailes nos ligaron también en la obligación de darle a estos cinco años de carrera un final digno que haga honor a todos los sentimientos y pensamientos que nos han asaltado durante los que dentro de algún tiempo recordaremos como aquellos maravillosos años.

Hoy la vida nos obliga a madurar. Nos han repetido hasta la saciedad que hoy es el día en el que nos hacemos adultos, que es el momento de enfrentar la vida, que hoy empezamos a vivir. La pregunta ¿Qué quieres ser de mayor? ya no tiene proyección futura, sino que debería haber sido ya respondida. Bueno, no hay que ponerse tan melodramáticos, mejor intentemos resolver otras ecuaciones, como aquellas que nos lleven a descubrir quién queremos ser de mayor, es decir, quién queremos ser. Estos son los días en los que el corazón se ablanda y las gargantas tiemblan. En estas fechas solo se reciben mensajes de ánimo a través de palabras emotivas de personas maravillosas que han sido compañeros de camino durante estos años y que lo serán a partir de ahora, pero en una selva mucho más grande, más competitiva y más dispuesta a borrarnos de las listas.

Es imposible resumir lo que esta carrera ha significado para cada uno de los que la elegimos. Con ella y por ella hemos crecido, madurado y aprendido a vivir, a conocernos y a valorarnos. Nuestros ojos y su forma de ver el mundo, de leer los periódicos, de entender la vida… han cambiado radicalmente desde aquel día en que seleccionamos el Periodismo como nuestra primera opción de vida. Sin embargo, debo confesar que lo que más ha significado para mí de esta carrera han sido las personas que he conocido a través de ella en Valladolid, Lieja y Madrid, y, por supuesto, los lugares a los que esas relaciones me han llevado, tanto físicos como intangibles… entre ellos, a La cocina del elefante, donde me he quedado a vivir. De mis compañeros he aprendido lo que significa no dejarse amilanar ante una problema, no conformarse con el mundo que nos han dejado y no descansar hasta conseguir ser quien quieres ser. Y que las dificultades, por muy gordas que parezcan, siempre se hacen pequeñas después de un rato de sanas, contagiosas e irreductibles carcajadas. Con ellos he aprendido, reído, soñado, viajado, estudiado… pero también con ellos he llorado, me he frustrado y me he superado a mí misma. Uno nunca conoce sus límites hasta que se acerca a ellos, eso lo aprendí en el Camino de Santiago. Y un poeta contemporáneo me enseñó: Pie detrás de pie, no hay otra manera de caminar.

Así se despedía de nosotros una buena profesora: Que no temáis a ningún Poseidón (crisis o como quieran llamarlo), mantened alto el pensamiento y limpia la emoción. Así lo haremos, no quepa duda, porque el futuro es para los valientes. Palabra de elefante.

 
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Publicado por en 25 de junio de 2012 en El viaje del elefante, Elefantes

 

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“Si no se puede contar la complejidad, no se puede contar la verdad”

Iñaki Gabilondo

“Los periodistas somos especialistas en Historia contemporánea, pero de la más contemporánea, de la de hoy”. Esta frase podría haber salido de muchas bocas, pero el pasado mayo lo hizo en concreto de la de Iñaki Gabilondo, en la conferencia que ofreció en el Salón de Actos de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense, una lección magistral sobre la vida y el Periodismo, más pesimista que optimista, pero desde luego muy valiosa.

Los halagos hay que ganárselos y demostrar que son verdad, no basta con recibirlos, y no podemos considerarnos especialistas en una materia sino cumplimos todos los requisitos. Es imposible que seamos analistas de la Historia perdiendo cada día como lo hacemos la perspectiva. “La dificultad de vivir y entender es determinante, y lo es más cuando entender se hace materialmente imposible, no solamente porque siempre lo es –por falta de perspectiva-, sino porque ahora va todo muy a prisa”, explicaba el periodista, a la vez que se planteaba: “¿Cómo se puede valorar lo que ocurre cuando es imposible tener la más mínima precisión en esa valoración?”.

A los estudiantes de Periodismo, a quienes se quiere preparar para ser especialistas de la Historia contemporánea, se les enseña desde las primeras clases que la precisión es uno de los elementos imprescindibles con los que hay que trabajar. Una información sin detalles -ya sea contada por un periodista, por un profesor o por la vecina del cuarto- no interesa, porque la vida está llena de detalles. Como escribió una vez Antonio Muñoz Molina en Ventanas de Manhattan, “la vida inmediata es tan precisa, tan rica en pormenores que no puede someterse a categorías, a dictámenes generales sobre el estado de ánimo de una ciudad entera o de un país o sobre las expectativas de lo que puede o no puede ocurrir”. No podemos pretender vender a los lectores, oyentes, espectadores y usuarios Periodismo de calidad cuando lo que más nos importa no es la información completa, sino las ventas, las visitas o el posicionamiento en la Red.

Los periodistas somos los narradores de la historia reciente, actual, del hoy y del ahora, por lo que no podemos someter nuestro trabajo a una de las mayores distracciones que se nos presentan en la vida: la prisa. La receta de la credibilidad, según Gabilondo, incluye altas dosis de decencia y de tiempo. Cualquier persona que ejerza o haya ejercido el Periodismo en el marco de esta sociedad tecnológica del siglo XXI, habrá vivido en propia carne la presión de tener que publicar una información a los pocos minutos de que suceda. ¿Son las nuevas tecnologías las que nos han obligado a actuar así o somos los periodistas los que hemos pervertido la calidad informativa con la excusa de Internet? La prisa conlleva falta de tiempo, y la falta de tiempo, imposibilidad de contar la complejidad. La consecuencia, enunciada por Gabilondo, es que “si no se puede contar la complejidad, no se puede contar la verdad”.

La llegada de Internet ha coincidido con una bajada de la calidad de los contenidos periodísticos, pero no podemos achacarle nuestras debilidades a la Red. Vivimos precisamente el momento en que más necesidad de información de calidad hay y en el que menos atención le estamos dedicando. En este contexto, la apuesta, aunque merezca un sacrificio, debería ser por la calidad, no por la cantidad y la rapidez. Debemos enfrentar la realidad de que en lugar de salvar lo valioso que tenemos, estamos colaborando a que se hunda el barco. Y de eso no tiene la culpa Internet.

La solución a la crisis del Periodismo, es bueno insistir en ello, es el Periodismo de calidad, y esa calidad pasa por contar la Historia contemporánea tal y como es, es decir, pormenorizada. La poca concreción en una información puede suponer únicamente un pequeño error en la inmensidad de detalles que maneja cada día un periodista, pero también un mundo para la persona sobre la que trata la información, para esos “damnificados por el Periodismo” – en palabras de Gabilondo- cuyas informaciones no llegan a ser valoradas en su justa medida, seguramente por falta de tiempo.

“Un cirujano antes de operar se lava las manos y se pone guantes. ¿Y si es un hospital pequeño? También. ¿Y si lo compra un consorcio de hospitales internacionales? Pues se lava las manos y se pone los guantes. ¿Y si tiene prisa? Se lava las manos y se pone los guantes. ¿Y si ese hospital está queriendo optimizar resultados y arrebatar quirófanos a los pacientes para ir despejando camas? Entonces no puede hacer bien su trabajo”. Con esta ejemplificación Gabilondo quiso destacar la necesidad del Periodismo de establecer un pacto con la sociedad que permita que los periodistas nunca olvidemos que nuestra función no es elegir lo que debe conocerse y lo que no, si no ser administradores del Derecho a la Información de la sociedad. Es necesario que eso sea lo primero en que pensemos antes de entrar en una redacción.

Este artículo ha sido publicado en Punto de Encuentro el 5 de junio de 2012 (http://www.puntoencuentrocomplutense.es/2012/06/inaki-gabilondo-periodismo-historia/).

 
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Publicado por en 7 de junio de 2012 en Platos preparados, Publicaciones

 

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