RSS

Archivos Mensuales: abril 2012

A veces sueño que soy calcetín

Di la verdad: llevas tiempo sin romper muñecos

Los calcetines son los peones de la lavadora, los rivales más débiles, los primeros soldados a los que los ejércitos envían a las trincheras, donde saben con toda seguridad que serán fusilados o capturados. Son como pequeños esclavos incapaces de rebelarse ante la autoridad de los pantalones vaqueros y las camisetas negras, que son los que deciden si la lavadora será de color o de blanco. Ahogados por un alto porcentaje de resignación, cruzan sus pequeños hilos salientes para que el programa elegido sea de agua caliente, pero casi nunca tienen suerte. Durante toda su vida han sido los grandes escondidos, los que nunca salen a la luz. En invierno los forzamos a mantener nuestros pies calientes, siempre por debajo de los autoritarios zapatos, y en verano incluso nos atrevemos a obviar su presencia y condenarlos al armario durante tres meses seguidos. Los calcetines, los pobres, se pasan todo el programa envidiando a las demás prendas, como a ese par de pantalones de pijama que se abrazan apasionadamente durante el centrifugado y se niegan a separarse para ser tendidos al aire. Los calcetines no saben lo que es el amor.

Anuncios
 
1 comentario

Publicado por en 27 de abril de 2012 en El circo, El viaje del elefante, Elefantes

 

Etiquetas: , , , , , , , , ,

El periódico, una especie en extinción

Primera y última edición de La Voz de Asturias. Fuente: http://www.lavozdeasturias.es

Basta, se acabó poner la excusa del cambio estructural en el Periodismo. Uno se levanta por las mañanas, enciende el ordenador con miedo y aparece la noticia de otro periódico al que la corriente de la crisis se ha llevado por delante. En esta ocasión ha sido La Voz de Asturias. El balance de periódicos desaparecidos ha pasado a medirse como en aquellas viejas películas, en las que el jefe de la milicia local anotaba cada día en una pizarra el número de soldados muertos en la guerra. Un periódico que se pierde no es una anécdota más que anotar en Wikipedia, porque cada cierre de un medio de comunicación es un paso atrás en la libertad de expresión. Una servidora está empezando a hartarse de mentar la palabra crisis en cada conversación, pero es que estamos perdiendo la batalla. Se nos están muriendo un medio tras otro en una guerra que nunca hemos alcanzado a comprender, pero que está tan avanzada que hemos perdido la noción de quién es el enemigo, como en las guerras más duras. Y no estamos sobrados de calidad periodística en este país como para que vayan desapareciendo periódicos.

El Consejo de Gobierno de ayer nos ha regalado temas de conversación para toda la semana. Entre ellos, el enorme paso atrás que acabamos de dar con RTVE. Así, gratuitamente (aunque siempre hay quien lo celebra). Las semanas surrealistas se están haciendo irritablemente habituales y estamos perdiendo el Norte, el Sur, el Este y el Oeste. No es precisamente el Siglo de Oro del Periodismo español.

 
Deja un comentario

Publicado por en 21 de abril de 2012 en Platos preparados, Uncategorized

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El Surrealismo en Botswana

El hombre siempre tropieza dos veces en la misma piedra. Por lo visto esto está demostrado, pero una servidora suele caer unas veinticinco en la mismos pedruscos hasta que aprende. Tras diez meses desarrollando una adicción a Twitter, parece increíble que todavía no haya memorizado las lecciones básicas. La que ayer me traicionó fue Si has dormido poco y tu intención es gastar la mañana en los brazos de Morfeo, no se te ocurra echar un vistazo a Twitter: te desvelarás.

Los elefantes, de Salvador Dalí

La causa de mi desvelo no fue otra que la conocida noticia de la operación de cadera del Rey. El estado de zombificación y semi-inconsciencia en el que me encontraba me impedía pensar con racionalidad, o a eso achaqué mis dificultades para entender el tema. Elefantes, caza, cadera. Mi cerebro no alcanzaba a relacionar esos tres conceptos en una idea coherente, así que salí de Twitter y acudí a la prensa. Resultaba que el Rey, un hombre célebremente campechano que hemos visto estas semanas en los periódicos con peligrosa frecuencia, había decidido hacer un viaje privado a Botswana. Aún ahora, después de leer decenas de informaciones y opiniones sobre ello, me parece surrealista, ya que mi cerebro aún no consigue entender dónde reside el atractivo de cazar elefantes ni por qué un jefe de Estado de un país como España puede dedicarse a ello con total tranquilidad. Decía Almudena Ariza en su Twitter que un safari para cazar elefantes en Botswana cuesta de media 35 mil euros. ¿Cómo era eso de que España está en crisis?

Me importa el elefante. Me preocupa la imagen que esta noticia va a dejar de España. Me doy cuenta de cómo afecta esto a una Casa Real que no deja de salir en los titulares de los periódicos españoles día sí, día también. Sin embargo, lo que me quita el sueño es que nos hemos enterado de todo esto solamente por el accidente de la cadera. Si no, nos habríamos conformado con que el Rey está de viaje privado en Botswana, y nos habríamos quedado tan tranquilos. ¿No fue la prensa creada para evitar esto?

La cocina del elefante se manifiesta férreamente en contra de la caza de elefantes, cualquiera que sea la causa y el autor.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El horizonte

El Roto, 31 de marzo de 2012, 'El País'.

Los huevos de Pascua esperan nerviosos en la bandeja de la pastelería, pero no estamos para grandes celebraciones. Son malos tiempos. No se trata del discurso más pesimista, sino que son tiempos realmente malos. Tras décadas de inculcar a los pequeños los sueños de un futuro mejor, los mayores ya no saben qué contarnos para obviar el hecho de que no hay un futuro mejor. De hecho, la línea del horizonte se está desvaneciendo y apenas se percibe, oculta tras la nube negra de la crisis, que le ha cogido gusto a llover. Esta vez hemos llegado demasiado lejos. Están empezando a pasar cosas que jamás habíamos imaginado y que nos hunden más en el generalizado sentimiento de rabia provocado por la nube negra, que no se va. La de Economía se ha convertido en la sección más leída de los periódicos y la infografía, en una herramienta imprescindible para los periodistas, que, abrumados ante tantas cifras, respiran hondo al llegar a la redacción y echan mano de ilustraciones y mapas para intentar resumir, traducir y explicarnos qué está pasando. Con la que está cayendo, las palabras se quedan cortas.

En Periodismo existe una norma, algunas veces no escrita, que exige prudencia a la hora de publicar noticias sobre suicidios, debido a que la Psicología ha demostrado en numerosas ocasiones que pueden incitar a potenciales suicidas a imitar la actuación del primero. Hay ocasiones, sin embargo, en que es necesario contarlo. Esta semana, el suicidio de un jubilado en Grecia nos ha robado el aliento. Sus razones, bastante deducibles, se concretaron en la nota escrita a mano que llevaba guardada en un bolsillo del pantalón. Soy jubilado. No puedo vivir en estas condiciones. Me niego a buscar comida en la basura. Por eso he decidido poner fin a mi vida, decía. Los indignados griegos se manifestaron ante el Parlamento bajo el lema No nos acostumbraremos a estas muertes. No lo haremos. No nos acostumbraremos a no tener horizonte.

Son malos tiempos: los grandes maestros nos están dejando solos para afrontar una crisis que no tenemos realmente claro cómo llegó y que se ha convertido en el epicentro de nuestras vidas. Gracias a gente como Antonio Mingote hemos sabido sobrellevarla con humor, pero ahora que se ha marchado casi sin avisar solo nos queda estar agradecidos por haber podido disfrutar de él y de sus viñetas. Definitivamente son días malos. Días tristes, tal vez.

Eso sí, lo importante es no olvidarnos de esto:

 
9 comentarios

Publicado por en 6 de abril de 2012 en Platos preparados

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Hustle and bustle

Hoy hace seis meses que vivo oficialmente en Madrid

Esta ilustración de ROBERSON está tomada de cuadernodelegados.blogspot.com

Madrid cambia, pero es tarea de uno mismo que el cambio sea para bien. Probar a romper la rutina y volver de repente a una ciudad pequeña, hermosa y lenta después de haber hecho la mente a Madrid es difícil hasta si se pretende ir de compras. En otras ciudades la gente no corre, no emplea horas en llegar al trabajo y, desde luego, no está entrenada para esquivar personas constantemente y caminar de manera cuadriculada. Aún no se ha decidido si Valladolid es una ciudad pequeña o grande, pero lo cierto es que tiene el tamaño idóneo para vivir sin agobiarse y sin sentir que falta algo, y eso que el centro de la ciudad no ha sido aún colonizado por los grandes imperios de nuestra generación. Eso me gusta.

Hay muchas recetas para sobrevivir en Madrid. Una de ellas, la cual recomiendo, es convertirse en lo que Noemí Hernández llama “un férreo optimista”. Una de las primeras cosas que hay que tener claras en todo momento es que no importa cuánto tiempo lleves viviendo allí para adaptarte, pues la mayoría de sus ciudadanos están educados por un reclutamiento al que los de fuera nunca hemos sido invitados. En Madrid el día se compone de pequeños espacios de tiempo; por ejemplo, el rato que tardas en (no) desayunar. Las jornadas se sienten muy largas y están muy cargadas de actividad. Lo esencial para no caer en la tentación de permanecer durmiendo toda la mañana es no pensar en la cadena de acciones cotidianas que son necesarias para que termine el día.

Edificio Metrópolis de Madrid. Esta fotografía fue tomada el 17 de noviembre de 2011 por una servidora (Elena Lozano).

Nada más hacer la mudanza uno se da cuenta de que los colores del cielo de Madrid son diferentes. Es cierto que los atardeceres adquieren tonalidades nunca antes apreciadas, aunque el dato se pierde si se recae en quién tiene la culpa de ello: la boina de contaminación. El cielo es un espacio al que poca gente mira, pues las condiciones meteorológicas se sitúan en un segundo plano. Solamente se percibe que ha llovido por los charcos que aparecen en el suelo de los pasillos del metro, y molesta la lluvia únicamente porque retrasa el camino hacia la obligación, porque aumenta el número de frustraciones cotidianas por las que el subterráneo te obliga a pasar cada día. Perder calorías por los pasillos, escuchar los gritos del metro, bajar las escaleras a toda prisa, doblar la esquina y comprobar que se trata del tren del andén de enfrente. Pocas ciudades influyen tanto en el estado de ánimo como aquellas en las que estás obligado a agobiarte por todo. Precisamente esa es la razón por la que los artistas del metro existen aquí. Son más necesarios que nunca, porque son uno de los pocos factores que te obligan a salir del ensimismamiento y la individualidad que adquieres al hacerte el abono de metro.

Madrid no es solo Gran Vía, y no todo son famosos, musicales y tiendas de marca. Lo primero que aprendes al llegar es que eres pequeño, muy pequeño. De hecho, eres insignificante. Es cosa tuya hacerte un hueco. Eso sí, no venir es un error si piensas que realmente vale la pena.

Aviso para soñadores: aunque todo parezca perfecto, no lo es. En Madrid, muchas veces te sientes solo. Y también con la autoestima por los suelos (está llena de gigantes que te hacen sentir diminuto). La gente es muy independiente (a la fuerza), la ciudad es demasiado grande como para hacer planes para el mismo día, tienes que pasar horas y horas fuera de casa, comer en el trabajo, rendirte a la muchedumbre solitaria del metro y sacrificar parte de tu vida social. Pero, como todo en la vida, es una elección.

Marina Vega, ‘Vivir en Madrid o la mili moderna’.

http://www.informauva.com/?p=1114

 
1 comentario

Publicado por en 3 de abril de 2012 en El viaje del elefante, Elefantes

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,