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Archivos Mensuales: marzo 2012

El instante decisivo

Detalle de Muchacha afgana, de Steve McCurry. Fuente: http://www.rafaelnarbona.es

De un color mezcla entre verde y azul. Con una pupila contraída por el flash y la luz que entra por la ventana que hay enfrente, de cuya existencia somos conscientes por el reflejo en su mirada. Un lacrimal engrosado, seguramente a fuerza de lágrimas. Un blanco extremadamente neutral que no se encuentra nunca en ojos occidentales. Pestañas que nunca han sido maquilladas. Ojos grandes, muy grandes. Y una mirada que no se olvida nunca, de esas que se te cuelan en los sueños y te atrapan de repente, en medio de una calle de cualquier lugar.

Nunca nadie ha podido quitarse de la cabeza los ojos de Sharbat Gula tras contemplar, seguramente con asombro, esta maravilla de la fotografía, cuyo mayor mérito reside en la persona que aparece en ella. Sin embargo, la mayoría no conocerá su nombre y otros tantos ni siquiera sabrán quien la ha traído hasta nuestras vidas… Steve McCurry. Esta fotografía contiene una historia más de mil veces relatada: la de una muchacha afgana arrastrada por la guerra a un campo de refugiados en Pakistán. Allí, esta niña, que tenía 12 años pero también una madurez considerable promovida por las circunstancias, fue retratada por Steve McCurry. La fotografía fue portada de National Geographic en junio de 1985.

Un año después, la vida de esta muchacha cambió, pero no al nivel que cambió el Fotoperiodismo con esta imagen. Mientras la comunidad occidental seguía ensimismada por esos ojos, ella contraía matrimonio, un acto fruto de la tradición de la etnia pashtún, a la que pertenece, y del que nacieron cuatro hijas. Esto podemos contarlo gracias a que McCurry volvió años después a Afganistán en busca de la muchacha afgana que había revolucionado su carrera y que no había vuelto a ser fotografiada. Por supuesto, no tenía ni idea de que su rostro había dado la vuelta al mundo.

Es un error subestimar el poder de las decisiones, incluso el de las pequeñas, porque nunca sabes a dónde va a llevarte cada cosa que hagas. Si McCurry no hubiera pasado por aquel lugar, si no hubiera pasado 15 minutos con ella, si no hubiera decidido pararse a retratarla, si no hubiera decidido enviar la fotografía a National Geographic, si la revista no hubiera decidido publicarla en portada, si no hubiera… Esta cadena de decisiones tuvo como resultado la creación del proyecto Afghan Children’s Fund en 2008, cuya lucha se centra en el desarrollo y la creación de oportunidades educativas para las niñas y las mujeres afganas. Gracias al instante decisivo en el que McCurry atrapó esa imagen, existe una posibilidad de avanzar, pequeña para nosotros, pero grande para ellas y para la Educación en un país destrozado por una sucesión de guerras.

Hay miradas que mueven el mundo.

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Publicado por en 22 de marzo de 2012 en El viaje del elefante, Elefantes

 

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Duende del Sur

Fuente: Zahoяí (Flickr).

Pero qué bueno es salir un ratito de casa. Qué bueno es hacer caso a Chambao y perder un poco el Norte. Cambiar por unos días las ausencias de saludos y los toma el cambio, reina por las palabras más cortas e incansables que se conocen. En Sevilla los tópicos se cumplen, pero para bien. Hay salas donde se baila flamenco a las cuatro de la tarde. Hay figuras religiosas que te sorprenden por cada esquina. Y hay naranjos poblando sus calles. Es una ciudad educada que rebosa una alegría que nunca se hace pesada, ni siquiera para alguien acostumbrado y amante de la precaución castellana. 

Volver al Sur, pero esta vez un poquito más arriba. Pasar la tarde en el Valladolid de la Plaza de España y sentirse como en casa, pero en un marzo inimaginable en cualquier otro lugar. Y volvió Tánger a teñir las cervezas de recuerdos, y volvió nuestro pequeño choque de civilizaciones. Que no se dice chaleco, que se dice chaqueta. Que esto no es sangría, que es tinto de verano. Que qué increíble fue lo de Tánger. Que en eso estamos de acuerdo.

Sevilla tiene un color especial, sí, es el amarillo. Sus paredes pasan desapercibidas en las noches, pero destacan durante todas las horas del día en que el sol las alumbra con fuerza, un sol al que le gusta tanto el Sur que no lo abandona en ningún momento del año. Es por una cosa que en Andalucía se llama tener duende, ahora lo entiendo. Ya he comprendido sus razones. 

El Sur es diferente.

 
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Publicado por en 14 de marzo de 2012 en El viaje del elefante, Elefantes

 

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