RSS

Amante de la escalera mecánica

02 Dic

El despertador suena a las 7:45 horas. El mecánico ejercicio de salir perezosamente de la cama y subir la persiana de poco sirve en las mañanas de otoño. En cuanto penetra la primera luz en la habitación me doy cuenta de que a esas horas ni las calles están del todo despiertas en Madrid. El café cae como una bomba sobre mi estómago, aún dormido. Los dientes también andan lentos para hacer desaparecer la triste galleta del desayuno. Noto que el día ya no está siendo bueno por la falta de alegría mañanera, y desde luego, no mejora al echar un vistazo a la versión digital de los periódicos y leer que nuestros políticos son cada día más corruptos. Vaya por Dios.

Las escaleras del metro chirrían. Se quejan, lanzan pequeños gritos de dolor como anunciando que se avecina un día de frustraciones. Espero unos minutos sentada a que el metro me transporte al universo paralelo de Ciudad Universitaria. Me siento una ciudadana más ahora que he aprendido a controlar en qué vagón tengo que sentarme para llegar antes a la salida del metro. Ahora que siempre avanzo por la fila rápida y empiezan a molestarme los que caminan más despacio. Ahora que mis palabras comienzan a volverse mudas de disculpas y solo me importa economizar tiempo. Sabes que eres de esta ciudad cuando no te perturba el viento que arrastra el metro.

Llego tarde a clase y me sorprendo al ver que quien se mueve por el estrado no es mi profesor, sino un periodista que ha venido a contarnos su experiencia. Habla de Kuwait y de Iraq. De Couso y del Hotel Palestina. Del 11S y del avión que nunca llegó a estrellarse en el Pentágono. No había restos, no había cuerpos, no había butacas. Yo estuve allí. Nos llena de esperanza en el Periodismo, pero también de desconfianza hacia las versiones oficiales. Hay que mostrar a la gente que existe otra verdad que no se cuenta. Así, sí. Así se aprende Periodismo. En otra clase, una profesora pregunta ¿Somos antes periodistas o personas? Me quedo pensando un rato. Miro los informativos y leo los periódicos, pero, aun así, no se me ocurre una respuesta.

El día continúa con altibajos, no se decide entre el rojo y el gris. Sobrevivo a las últimas horas de un noviembre demasiado insomne en el que hasta las palomitas de microondas me han hecho pensar. Mi última reflexión antes de cerrar los ojos es que ningún día es del todo malo, y con eso me conformo. Me tranquiliza que llegue por fin diciembre, aunque solo se nota en el cambio del ticket mensual del metro, ya que la gente aún no se ha decidido a llevar abrigo.

Anuncios
 
5 comentarios

Publicado por en 2 de diciembre de 2011 en El viaje del elefante, Elefantes

 

Etiquetas: , , , ,

5 Respuestas a “Amante de la escalera mecánica

  1. Ceci (quién si no ;P)

    2 de diciembre de 2011 at 11:16

    “Ahora que mis palabras comienzan a volverse mudas de disculpas y solo me importa economizar tiempo. Sabes que eres de esta ciudad cuando no te perturba el viento que arrastra el metro.” Love it!

     
  2. Virte

    3 de diciembre de 2011 at 12:39

    Elena, me gusta mucho tu blog y tus palabras. Madrid tiene algo que verás, te marcará para siempre. Gracias por regalarnos tus reflexiones! Un abrazo

     

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: