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Cuchufletas informativas

23 Nov

Todavía no se habían puesto las calles en Valladolid cuando salimos de casa aquella madrugada de 2008. Recuerdo como si fuera ayer cada minuto de aquel día, que se convirtió en el inicio de una carrera que, espero, dure muchos años. El sueño nos cerraba los párpados, aunque el gusanillo de los nervios no hacía más que inquietarnos. Y teníamos muchas ganas. Siempre que salgo de casa repaso un par de veces mi pequeña rutina para comprobar que llevo todo lo necesario, pero aquel día la repetí cada cinco minutos durante todo el viaje. Llaves, móvil, dinero, grabadora, bolígrafo, preguntas, pilas y cinta de repuesto. Estaba todo listo.

El autobús se retrasó en la hora de llegada, y eso que eran aquellos tiempos en que los autobuses tardaban casi tres horas en llegar a Madrid. Un viajecito en taxi y nos plantamos en Tres Cantos, en el edificio Sogecable. Y allí pasó. Nos temblaban las manos al sujetar las grabadoras y entrar en aquel despacho lleno de pantallas de televisión y periódicos en inglés. Son muy, muy jóvenes, había dicho su compañera de informativos. En efecto, casi acabábamos de convertirnos en mayores de edad. Recuerdo que en su mesa había muchos lapiceros y chicles de melón. Curiosa coincidencia, pienso ahora, después de haberme labrado durante años una reputación como la chica de los chicles de melón. Y como si nada, como si él fuera una persona corriente y nosotras, periodistas, comenzó a hablarnos. Una hora y media duró nuestra primera entrevista a ese gran hombre que, a pesar de haber desaparecido de la televisión con la fusión de Cuatro y Telecinco, a mí me sigue pareciendo un gran profesional, porque nadie cuenta las noticias de Economía con tanta pasión como lo hacía él. Nadie le pone más ganas que Javier Ruiz.

Recuerdo con cariño la mayoría de sus respuestas y esa forma de mirarnos que parecía decir ‘Qué majas, haciendo su primera entrevista en primero de carrera’. En un alarde de originalidad le planteamos la pregunta ¿Qué opina Usted de la objetividad en los medios? Él, sin poner muecas raras ni mirar al infinito con aires de periodista experimentado, nos dijo: La objetividad no existe. Nos dejó clavadas. A nosotras, que teníamos tan claro lo poco que habíamos estudiado hasta el momento: que la objetividad es lo primero de todo, lo que nunca debe faltar. La objetividad no existe. Es cierto que los medios son empresas, pero como mínimo uno ha de ser honesto cuando cuenta una noticia. Ahí sí que nos conquistó.

Una de las primeras cosas que hago cada mañana al levantarme es echar un vistazo a las portadas del día. Es una actividad que considero interesante, pero últimamente, también divertida y humorística, a la par que inquietante. Me encuentro con cosas como esto:

Y me quedo así, que no sé si pensar que es una portada real o que me están tomando el pelo. ¿Es lícito tratar así la información de las manifestaciones del 15 de octubre? Ya no estamos hablando de que la Duquesa de Alba protagonice las portadas más serias ni de por qué los diarios nacionales no se cortan en mostrar en primera la fotografía de un hombre con la cara destrozada. Me imagino a los jefes de sección del periódico reunidos a primera hora de la tarde con los temas en la mano y pensando cómo abrir el diario del día siguiente. Se han manifestado pacíficamente en más de ochenta países, diría uno, pero mejor metemos una fotografía de los disturbios en Italia y nos coronamos. Igual es que me preocupo de más y soy muy inocente. Igual es que solo importa vender.

En el colegio nos enseñaban a pintar sin salirnos de las líneas y a recortar siguiendo la sucesión de puntos. Nos enseñaban a ser precisos, a darle nuestro toque personal al dibujo, pero sin estropearlo, porque era el mismo para todos y la gente que lo mirara debía saber de qué se trataba. Sin embargo, a la hora de dar a conocer una información o de leer una noticia parece que no somos tan exigentes. Desde luego, no vamos a ser tan inocentes de pensar que los medios puedan ser absolutamente objetivos, desengañémonos. Pero sí que, al menos, sean honestos. Y nosotros, críticos, sobre todo eso.

Me acuerdo del Toblerone gigante que se estaba comiendo uno de esos tipos de la redacción de Cuatro, al lado de los estudios de CNN+. Recuerdo soñar por primera vez con un objetivo fijo. ¿Llegaremos aquí algún día?, pensé. Rato después tuvo lugar una revelación de parte del hombre de la eterna sonrisa, la primera vez en la carrera que alguien me recomendaba seguir adelante con la ilusión de ser periodista. Le preguntamos que por qué estaba él ahí. Y con un par de frases sencillas, que también se hicieron un huequito en mi memoria, nos confesó: Porque es divertido, es muy divertido. El Periodismo es una profesión que, si se hace bien, es maravillosa. Pues vamos a hacerla bien.

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Publicado por en 23 de noviembre de 2011 en Platos preparados

 

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