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Hay algo que no es como me dicen

19 Nov

Mi versión del 17N comenzó como un día bastante corriente. Me levanté perezosamente de la cama y desayuné revisando en Twitter las noticias del día. Nadie mencionó que había huelga. En la parada de Islas Filipinas, justo antes de llegar al andén del metro que me lleva a Guzmán el Bueno, centré mi atención en un cartel ante el cual hay que pararse obligatoriamente, pero solo porque el giro para acceder a las escaleras así lo exige. La omnipresente figura de un Rubalcaba triunfante hacía las veces de altavoz de la campaña socialista e intentaba atrapar nuestro voto con el lema: Pelea por lo que quieres. Llegué a Ciudad Universitaria tarde, como casi siempre, y al alcanzar el edificio nuevo de la facultad me fijé en que varios carteles empapelaban las puertas. Uno de ellos decía: Propiedad privada. Suspiré y permanecí unos segundos mirándolo y pensando que, lamentablemente, un día aquello sería verdad. No era lugar para reflexiones aquel intermedio que enlaza el conocimiento con la calle y por el que pasan a diario cientos de universitarios, así que volví a tierra rápidamente y eché a correr a clase. La facultad estaba mucho más vacía que de costumbre.

Vayamos al grano. La privatización de la Universidad va a tener muchas consecuencias para todos los estudiantes que cruzamos varias veces al día ese umbral, disfrutamos de los pinchos de tortilla de la cafetería y frikeamos en las conferencias de Ciencias de la Información. Y para nuestros compañeros de otras facultades, universidades y centros educativos. Y para los profesores. Y para los escolares. Y para los padres. La Educación Pública o, mejor dicho, la Universidad pública se encuentra ahora mismo en el punto de mira de las grandes empresas. El gatillo de los recortes está a punto de ser accionado, aunque se han lanzado algunas flechas antes. Hace tiempo que se viene hablando de la famosa Estrategia Universidad 2015, que procedo a resumir para que no haya dudas. Entre otras medidas, la EU15 establece que la encargada de designar al rector (el cual nombrará a sus cargos subordinados) será una Junta de Gobierno formada por personas externas a la Universidad (empresarios incluidos); aparecerá el famoso Campus de Excelencia Internacional [página 7 del este documento], por el que las Universidades serán comparadas por medio de rankings globales y recibirán financiación pública extraordinaria los proyectos educativos más atractivos en función de intereses mercantiles, lo que traerá como consecuencia una mayor competitividad entre centros universitarios; las segundas y terceras matrículas subirán hasta cubrir el 50 y el 100% (lo que significa que las terceras matrículas en una asignatura podrán costar fácilmente 1.000€) o el fortalecimiento de las becas-préstamo. Pero es que en los documentos oficiales lo pintan tan bonito… No nos fiemos: hay algo que no es como nos dicen. De todas formas, ahí queda esa información resumida y comentada, cada cual que se forme la opinión que crea mejor.

Hace un par de días, mis oídos fueron testigos de algo así como esto: Todas las universidades deberían ser privadas. No hubo comentarios, pero un rato más tarde, con la cabeza mucho más calentita, estaba yo rumbo a Neptuno. El jueves pasado salí a la calle animada por compañeros de clase y por mi propio espíritu enrabietado con el cuadro educativo que nos están pintando. En Valladolid me consta que llegaron a manifestarse unas 400 personas (datos ofrecidos por asistentes a la manifestación, también fiables aunque no coincidan con los indicados en los medios) y en Madrid, dice El País que unas 26.000, entre las que me encontraba yo haciendo peripecias con una cámara prestada. No sé si esos números son ciertos o están exagerados, pero no me quita el sueño. Seguramente las cifras mientan, pero eso no es lo importante. Con que se hubieran manifestado tan solo los 400 vallisoletanos que llenaron la Plaza Mayor el pasado jueves, ya sería reseñable, porque esa pequeña cifra refleja que hay gente que no solo no está contenta, sino que está decepcionada y enfadada con la Educación pública que tenemos hoy en día.

No sé si el 17N habrá tocado un poquito la conciencia de algunos. En Madrid se pidieron las dimisiones de Esperanza Aguirre y Lucía Figar [Consejera de Educación y Empleo de la Comunidad de Madrid], pero quizás ni siquiera eso ha golpeado levemente las cabecitas de los que están arriba. Sin embargo, es necesario intentarlo y demostrarles que, al menos, no estamos de acuerdo con su manera de hacer las cosas. Por eso salimos a la calle. La Educación es un derecho de todos y protegerla, un deber de todos. Es una apuesta de futuro, la mejor inversión a largo plazo que podemos hacer para asegurarnos un sitio en el mundo. Necesitamos gobernantes con altura política suficiente como para entender lo que eso significa. Hoy es un día para reflexionar sobre el poder que nos otorga el derecho a voto. Ojalá los políticos reflexionen también.

#tomalauva, 17N

Las fotografías son de Irene Muñoz (abajo) y servidora, Elena Lozano (las dos primeras).

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Publicado por en 19 de noviembre de 2011 en Platos preparados

 

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