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De debates y comedias

08 Nov

Saquen las palomitas, tomen asiento y guarden silencio. Bueno, no. No se callen. Comienza el espectáculo. Son las 21:46 horas. Candidatos nerviosos. Periodistas que repiten. Twitteros con los dedos preparados sobre el teclado esperando el ‘toma y daca’. Los ojos bien abiertos y el teléfono desconectado. La cena se enfría mientras se inician los monólogos. Bienvenidos a El Club de la Comedia.

Es un rasgo común a todos los periodistas y estudiantes de Periodismo (o al menos debería serlo) sentir un gusanillo en la tripa cada vez que se produce un acontecimiento importante. Los periodistas lo aprovechan para dar todo de sí mismos en las redacciones, mientras que los estudiantes los envidiamos y nos lamentamos por que ese acontecimiento no haya coincidido en el tiempo con nuestro periodo de prácticas. Es ese gusanillo que me hace cosquillas internas el que me hace reflexionar sobre el Periodismo. En pasado, presente y futuro.

Un debate electoral no es, como indicó Manuel Campo Vidal anoche al término del cara a cara, algo que debamos agradecer a los dos principales candidatos. Un debate electoral debería ser un derecho de los ciudadanos a conocer los programas electorales de varios partidos y ponerlos uno frente a otro para poder elegir el que nos parece menos malo. Debería ser un espacio para dar opción a los indecisos a elegir con cordura su voto. Pero no lo es. ¿De quién es la culpa? De lo que debería haber sido una contienda, una lucha o un combate (utilizo sinónimos directamente importados de la RAE) que se jugó anoche en esa carpa de circo, me quedo con una frase que ha penetrado sin permiso alguno hasta mi cerebro y que no ha dejado de rebotar en él. Un hombre que lleva siendo profesor mío un mes y seis días, pero que ya me ha enseñado bastantes cosas interesantes, publicó el siguiente tweet cuando todavía se estaban lanzando globos de agua Rubalcaba y Rajoy en el patio del colegio: Si hubiera verdaderos periodistas, el debate sería una cosa totalmente distinta. Aplausos, por favor.

Nos quejamos (y me pongo la primera en la lista) de que los debates electorales no sirven para nada, que son una sola repetición de promesas sin sentido y verdades disfrazadas para ganar votos hoy y perderlos mañana, aunque, eso sí, siempre aderezadas con gráficos de muchos colores. En esta ocasión, los gráficos han sido más bien escasos, al igual que los verdaderos enfrentamientos. Rubalcaba, asumiendo ya una futura victoria del candidato popular, ejerció de periodista al intentar desarmar a Rajoy con preguntas pretendidamente incómodas. Y ni eso, porque un buen periodista repite la pregunta una y otra vez hasta alcanzar la verdadera contestación, pero esta vez no ha habido respuestas claras. Rajoy, que pestañeaba una vez por minuto, contrarrestando el nervioso parpadeo constante del socialista, no dejó de leer sus apuntes ni siquiera en sus últimos tres minutos, en la conclusión, que debería haber sido el punto fuerte de su argumentación.

Y la falta de respuestas, ¿es culpa de los candidatos? ¿De los asesores, tal vez? No, la culpa es nuestra, por consentir que el único debate que ofrecen en cuatro años esté “moderado” por un solo periodista que se limita a controlar el tiempo de las ponencias. Se necesita, y lo cuento con términos prestados, una trinchera de cinco periodistas que pongan el dedo en el ojo a los candidatos, que les obliguen a responder a las preguntas que todos tenemos en mente. Necesitamos periodistas con sentido de la responsabilidad sobre su oficio.

¿Quién ha ganado el debate? Ellos, los dos candidatos, los dos. Porque ambos han aprovechado la oportunidad para recordar errores pasados y exponer las promesas que saben que no cumplirán, pero que necesitan para sumar votos. El debate ha sido, una vez más, su altavoz. ¿Y quién lo ha perdido? Nosotros, porque no hemos sacado nada en claro. Pero por eso vamos cada día a clase. Por eso luchamos porque haya más facultades que llamen Ciencias de la Información. Me alegro de haber podido ser testigo del debate en Twitter, y, sobre todo, de haber comprobado que la mayoría de los tweets eran de mis compañeros de clase. Somos críticos y eso es bueno. Muy bueno. Hacen falta cosas así. De este debate no me llevo a casa nada que no supiera sobre Política, pero algo de Periodismo he aprendido, como siempre. Será que le pongo muchas ganas.

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Publicado por en 8 de noviembre de 2011 en Platos preparados

 

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