
Viñeta de Antonio Mingote
En el periódico se ve en seguida, nada más hojearlo, que el mundo, en general, es un sitio espantoso, atravesado por desagracias, ulcerado de hecatombes, de las variedades más inauditas de la explotación y la crueldad, anegado de miles de millones de vidas humanas que pululan arrasándolo como una plaga global de termitas, y la mayor parte de las cuales transcurren, del nacimiento a la muerte, de manera espantosa, entre la miseria, el dolor y la oscuridad, en un hacinamiento parecido al de los dibujos de Brueghel.
Ventanas de Manhattan,
Antonio Muñoz Molina
El músico de la estación de Guzmán el Bueno entona No woman no cry, como cada mañana a las nueve y treinta y cinco, junto a las cintas transportadoras de personas. La prisa y el sueño madrileños, con resaca ambos de la fiesta de San Isidro, se ven interrumpidos por la detención del metro, que, por dificultades técnicas, no arranca hasta transcurridos cinco minutos (una locura de desfase horario en una ciudad que no permite la relajación ni en los parques, siempre abarrotados). Al-Jazeera y Al-Arabiya protagonizan la lección de Sistema Mundial de la Información. Más tarde, degusto, en la medida en que se me permite, un café con leche fría y una barrita de cereales con frutas rojas. Despliego virtualmente la primera página de El País y leo: “La prima cae de 500 puntos tras marcar otro máximo histórico”. No hace falta explicar de qué prima se trata. Otra feliz mañana truncada por el agobiante futuro de nuestros bolsillos.
A diferencia de lo que ocurría hace unos meses, las noticias sobre desagravios económicos, así como las anteriormente sorprendentes portadas de La Razón, han dejado de provocar un atragantamiento en mis desayunos y se han convertido en irremediablemente habituales. Una servidora se ha cansado ya, definitivamente, de emplear la palabra crisis como conclusión a toda conversación. La sensación de agobio generalizado por el futuro, o peor aún, por el presente, ha dejado de ser una novedad y, por ello, me veo en la tesitura de tener que defender a capa y espada el optimismo, que se ve peligrosamente amenazado por la tormenta que, no podemos negar, se está tomando su tiempo antes de marcharse.

Viñeta de Forges
¿Hay motivos para el desaliento? Desde luego, pero la clave para una vida mental sana reside en no ser permeable a él. Buscar un optimista en este país se ha convertido en una hazaña más admirable que encontrar una aguja en un pajar. Sin embargo, y sin ánimo de abuelocebolletizarme, creo que es posible obtener diariamente, al menos, una infusión de optimismo. Abril nos ha tenido a más de uno haciendo equilibrismos sobre la frontera entre el optimismo y el pesimismo, pero, por fortuna, la red de seguridad que había debajo nos ha permitido no caer.En Periodismo hay ciertos enunciados que se repiten constantemente. Cada estación, cada acontecimiento y cada sección tienen las suyas propias. Por poner un ejemplo: los ciudadanos están llamados a las urnas, hoy España vive su fiesta de la Democracia o el voto de los indecisos será clave son típicas del periodo de elecciones. Con la crisis, nos han llegado unas cuantas; entre ellas, máximo histórico. Había un tiempo, recuerdo, en el que nos provocaba gran sensación de alegría y orgullo escuchar esa expresión… eran tiempos en los que el paro no figuraba como la primera de las preocupaciones de los españoles y no teníamos ni remota idea de lo que prima de riesgo iba a significar. Ahora, sin embargo, hemos gastado en tal medida la esencia de la palabra récord que ya no nos sorprende que la prima de riesgo alcance un máximo histórico, pues lleva haciéndolo sistemáticamente desde hace meses.

Fuente: Twitter
El pasado sábado, por primera vez acudí a una concentración del movimiento ciudadano del 15-M. Estábamos de aniversario y unas 30.000 personas salieron a las calles de Madrid a celebrarlo. Fue mi inyección de positivismo de la semana. Pese a lo que pueda parecer por actuaciones como el desalojo de la plaza de Sol en la madrugada del sábado al domingo, esta movilización ciudadana no debe ser motivo de preocupación, por lo que resulta difícil de comprender que intente ocultarse algo tan grande. Opiniones sobre el 15-M hay muchas, pero lo que es innegable es que por primera vez desde hace mucho tiempo, el debate político se ha trasladado a las calles y hay una parte muy grande de la población que ya no quiere seguir esperando a ser rescatada por unos políticos carismáticos y prometedores (algo que se ha demostrado con creces que no casa con las costumbres de nuestro país), sino que prefiere hacer todo cuanto esté en su mano para demostrar que, al menos, no está de acuerdo con lo que está pasando. Me parece muy positivo reconocer que, con lo mal que está la situación económica del país y de cada familia en concreto, el movimiento ciudadano ha resultado ser pacífico y no violento. Hay motivos para el desaliento, sí, pero no podemos dejar que la batalla la gane la desazón, porque entonces sí habrá una crisis irrevocable.
La normalidad es una fuerza geológica, lenta como el curso de un glaciar, y cada persona se aferra infinitesimalmente a la suya, porque casi nunca puede hacerse otra cosa, y porque las amenazas siempre son abstractas, mientras que la vida inmediata es tan precisa, tan rica en pormenores, que no puede someterse a categorías ni a dictámenes generales sobre el estado de ánimo de una ciudad entera o de un país o sobre las expectativas de lo que puede o no puede ocurrir.
Ventanas de Manhattan,
Antonio Muñoz Molina
Etiquetas: 15M, agobio, aguja, Antonio Mingote, Antonio Muñoz Molina, artistas del metro, crisis, desaliento, El País, futuro, Madrid, metro, Olga Rodríguez, optimismo, pajar, paro, periódicos, periodismo, pesimismo, presente, prima de riesgo, Twitter, Ventanas de Manhattan, viñetas de Forges
Dime que es mentira todo, un sueño tonto y no más

Fuente: www.corrientescirculares.es
Llevaba toda la vida muriéndose y nadie se lo creía. Siempre estaba ahí, en la reunificación de Nacha Pop, en los discos de sus amigos, en homenajes de otros o para él, o en esas noches entre semana, solitarias y frías, en la sala Clamores de un Madrid que creció con él. Con su guitarra y su mirada escurridiza, veías que la vida se cebaba con Antonio un día sí y otro también, pero su música, su alma, ofrecía siempre la promesa de un lugar mejor, un sitio humano y eterno fuera de las drogas y los problemas, donde solo los sueños se hacen realidad. Era como una leyenda urbana.
Fernando Navarro, El País (http://cultura.elpais.com/cultura/2009/05/12/actualidad/1242079204_850215.html)
Etiquetas: Antonio Vega, Chica de ayer, El País, Fernando Navarro, Madrid, Malasaña, Nacha Pop, Penta
¿A qué no sabes dónde he vuelto hoy?

Fuente: @loveoflesbian
A nadie se le ocurrió fruncir el ceño a la luna llena que alumbraba la Fica, mientras miles de personas gastábamos las fuerzas bailando las mejores declaraciones de The Pulp, Delorentos y Gossip. Alta, limpia y vigilante, se autoproclamó reina soberana del SOS 4.8. Era difícil, pero ni el fulgor de The Flaming Lips consiguió eclipsarla.
Y ahí estábamos: saltando, dejándonos la voz, haciéndole los coros a Beth Ditto. Unidos por una marca verde en la muñeca, reconociéndonos por las calles, por los supermercados y por las terrazas de la mañana del domingo. Contemplando el desfile de libertades que vestían a cada uno de los asistentes. El punto final lo puso Love of lesbian, y entonces los saltos se convirtieron en respiración, mientras Santi Balmes hablaba de sus taxis, sus gritos y su club de fans de John Boy.
Horas después, y solamente una vez que los altavoces desfallecieron tras haber pedido clemencia durante días de música sin tregua, saludamos a la ciudad a la que nunca habíamos mirado a los ojos, Murcia. Había una plaza distinta, la de las Flores, que hacía honor a su nombre más que nunca en el día en que se reconocía por fin a las madres como luchadoras y merecedoras de una festividad. Agotamos las existencias de Estrella Levante de un bar escondido en el rincón de un tal Chapas. Buscábamos aferrarnos a los últimos rayos de sol y al placer de disfrutar de un helado en plena calle antes de entregarnos al eterno invierno de la capital, al que esperamos agotar las fuerzas esta misma semana.
También en el metro, una vez arribados en Madrid, nos sentíamos conocidos los del trocito de tela verde, al que mirábamos con nostalgia de lo que, sin duda, había sido un montón de horas bien gastadas. Aparecía de repente el brillo de la estrella de Levante, que solo es reconocible cuando uno se sumerge en el mundo más profundo de Madrid y se deja llevar por las cintas transportadoras de personas. Cuando uno viaja del verano al invierno en cinco horas de autobús y pierde la noción de lo que las estaciones solían significar.
Etiquetas: Beth Ditto, club de fans de John Boy, Delorentos, Estrella Levante, Gossip, la Fica, la luz de Levante, Levante, Love of lesbian, luna, Madrid, metro, Murcia, Santi Balmes, SOS 4.8, The Flaming Lips, The Pulp
Pero, ¿cómo?
El 3 de mayo se conmemoró el Día Mundial de la Libertad de Prensa, y los periodistas, sus garantes, lo celebramos en las calles, nuestro legítimo lugar de trabajo.

Elena Lozano Santamaría
La ciudad de Miguel Delibes, a quien seguramente también le habría gustado cambiar las cosas para proteger nuestra profesión, fue testigo el pasado mes de abril del nacimiento de un texto al que, además, puso nombre. Surgida del seno de la LXXI Asamblea General de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), la Declaración de Valladolid es el nuevo manifiesto de los profesionales del sector periodístico en este 2012. Las cosas tienen que cambiar, o al menos eso opina el colectivo, que propuso una defensa del Periodismo en las calles españolas el pasado jueves 3 de mayo y acuñó término: el #periodigno.
La Declaración de Valladolid pide a los periodistas ser los protagonistas del necesario cambio que ha de vivir el Periodismo en nuestro país. Los desafíos se han multiplicado en poco tiempo en una profesión cuya crisis, que empezó hace décadas, se ha visto agravada con la ya célebre recesión en la que estamos inmersos. El oxígeno está empezando a terminarse y ya son demasiados los profesionales que han perdido su trabajo en la inmensidad de esta doble crisis. Nuestros representantes asumen que debemos ser los líderes de la transformación del sector, pero, ¿depende esto exclusivamente de nosotros?
La clave está en buscar y lograr un Periodismo de calidad. La FAPE nos exhorta a ser originales en los contenidos informativos, a adaptarnos a los nuevos tiempos, a impulsar nuevos proyectos periodísticos, a modernizar los obsoletos planes de estudios de las universidades, a cambiar la mentalidad de los editores y a huir de las ruedas de prensa sin preguntas y de las declaraciones enlatadas. Esto no depende solamente de los periodistas, sino que entran en juego un gran número de factores, como empresarios y universidades, por lo que cambiar el sistema solo puede ser fruto de un esfuerzo conjunto.
No obstante, sí es cierto que no podemos seguir esperando y soñando con que alguien de fuera nos saque de esta maraña. Si los periodistas no nos movemos, la situación se alargará hasta que sea insostenible, aunque, de hecho, ya estamos empezando a perder el equilibrio. Los despidos masivos y la precarización ya no pueden justificarse con la crisis económica. Los ERE en las empresas, por desgracia, han dejado de ser noticia al perder la condición de nuevo, pero están llegando ya a todos los rincones de la profesión, incluidos los grandes diarios.
La idea es que sin periodistas no puede haber Periodismo, y sin Periodismo no puede haber democracia. Eso sí, para hacer verdadera esta tesis es muy necesario un cambio, pero de raíz, pues hay fallos muy graves que es necesario solventar, como deja claro este manifiesto: “El futuro sigue estando, independientemente del soporte en que se exprese, en el Periodismo hecho con rigor, el Periodismo que contrasta la información, el que verifica lo que está ocurriendo, el que recurre al uso independiente y plural de las fuentes y el que cumple las normas éticas y deontológicas que rigen nuestra profesión”.
Ante este panorama, ¿qué podemos hacer nosotros? Entre otras cosas, salir a la calle y demostrar que no estamos bien, que no aceptamos lo que está pasando y que necesitamos un cambio, porque en caso contrario nuestra profesión seguirá devaluándose hasta un punto en que perdamos los valores que dieron origen al Periodismo. Necesitamos que manifiestos como este no se queden solo en el papel. Y lo que sí está en nuestra mano es que la figura del periodista sea, en palabras de la FAPE, la de alguien “bien formado y capacitado para jerarquizar la abundante información que circula, para cubrir las noticias que interesan y preocupan a los ciudadanos y para hacer las preguntas que temen los poderosos”.
Este artículo ha sido publicado en Punto de Encuentro el 4 de mayo de 2012 (http://www.puntoencuentrocomplutense.es/2012/05/falta-fotoel-periodismo-tiene-que-cambiar/).
Etiquetas: adversidad, ética, calles, cambio, crisis, Día Mundial de la Libertad de Prensa, Declaración de Valladolid, democracia, despidos, ERE, FAPE, manifestación, manifiesto, opinión, paro, periódicos, periodigno, periodismo, periodistas, precarización, Punto de Encuentro, rigor, Valladolid
Esta noche he soñado que era de día

Era lunes el pasado día 23, y por primera vez no celebró la fiesta de Castilla y León, sino que tuvo que actuar como un madrileño más e ir a clase y al trabajo, inconsciente de lo que en su casa se estaba cociendo. A las ocho de la tarde, después de un día agotador, se disponía a disfrutar de una larga sesión de sofá, cuando se encontró con un pastel que no había cocinado. La visión era desoladora para un amante del siglo XXI como ella, pues le habían arrebatado la electricidad, por circunstancias que escapaban a su responsabilidad y su entendimiento. Pasó cuatro días intentando subsistir sin aquel bien tan preciado, y lo consiguió, pero la experiencia tuvo poco de positiva.
Es cierto que se puede sobrevivir sin electricidad, ni luz, ni Internet, ni calefacción, ni línea telefónica ni agua caliente, al igual que se puede subsistir sin derechos laborales ni sociales. Pero la vida, desde luego, empeora y mucho en ambas situaciones, cuando lo único que puedes hacer es sentarte a leer un libro sin emitir queja alguna. Que tres personas estudien a la luz de una única vela es posible, pero todos nos damos cuenta de que esa proporción es un disparate. Nos creemos muy avanzados, pero basta un detalle para desestabilizar nuestro mundo. Una persona más en paro, un corte de luz, un político corrupto… hunden nuestras realidades y nos dejan en recesión. Y la crisis, que ya no es solo económica, infecta todo nuestro organismo.
Encontrar a un optimista se ha convertido últimamente en una gesta comparable a las de los grandes caballeros de la Edad Media, porque es muy difícil de cumplir la regla básica para convertirse en uno de ellos: sacar lo positivo de todo. Esta semana nos hemos enterado de que el 1 de mayo lo puede celebrar todavía menos gente que hace unos meses. Más temas de conversación para la sobremesa: el desempleo aumenta a 5.639.500 personas. Es decir, que 1.728.400 familias tienen a todos sus miembros en paro. Aún recuerdo cuando los “casi cinco millones” dolían a los ojos, a la cabeza y al estómago. Y lo peor es que no parece que la cosa vaya a mejorar hasta dentro de bastante tiempo. Cuando pase esto, no voy a querer mirar. Pocas cosas como esta clase de crisis son capaces de hacer temblar el suelo bajo nuestros pies y obligarnos a plantearnos el porqué de todo.
De momento, nos conformamos con cruzar los dedos y sobrevivir un día más sin que la onda expansiva de la crisis nos llegue a nosotros en forma de verdaderos problemas. En definitiva, que cuando pulsemos el interruptor, se encienda la luz. Feliz día del Trabajo.
Etiquetas: 1 de mayo, adversidad, corrupción, crisis, Día del Trabajo, derecho, derechos laborales, derechos sociales, desempleo, electricidad, humanos, interruptor, luz, Madrid, opinión, optimismo, optimista, paro, recesión, vida
Di la verdad: llevas tiempo sin romper muñecos
Los calcetines son los peones de la lavadora, los rivales más débiles, los primeros soldados a los que los ejércitos envían a las trincheras, donde saben con toda seguridad que serán fusilados o capturados. Son como pequeños esclavos incapaces de rebelarse ante la autoridad de los pantalones vaqueros y las camisetas negras, que son los que deciden si la lavadora será de color o de blanco. Ahogados por un alto porcentaje de resignación, cruzan sus pequeños hilos salientes para que el programa elegido sea de agua caliente, pero casi nunca tienen suerte. Durante toda su vida han sido los grandes escondidos, los que nunca salen a la luz. En invierno los forzamos a mantener nuestros pies calientes, siempre por debajo de los autoritarios zapatos, y en verano incluso nos atrevemos a obviar su presencia y condenarlos al armario durante tres meses seguidos. Los calcetines, los pobres, se pasan todo el programa envidiando a las demás prendas, como a ese par de pantalones de pijama que se abrazan apasionadamente durante el centrifugado y se niegan a separarse para ser tendidos al aire. Los calcetines no saben lo que es el amor.

Etiquetas: adversidad, amor, calcetín, calcetines, centrifugado, color, fotografías caseras, lavadora, pies, resignación

Primera y última edición de La Voz de Asturias. Fuente: www.lavozdeasturias.es
Basta, se acabó poner la excusa del cambio estructural en el Periodismo. Uno se levanta por las mañanas, enciende el ordenador con miedo y aparece la noticia de otro periódico al que la corriente de la crisis se ha llevado por delante. En esta ocasión ha sido La Voz de Asturias. El balance de periódicos desaparecidos ha pasado a medirse como en aquellas viejas películas, en las que el jefe de la milicia local anotaba cada día en una pizarra el número de soldados muertos en la guerra. Un periódico que se pierde no es una anécdota más que anotar en Wikipedia, porque cada cierre de un medio de comunicación es un paso atrás en la libertad de expresión. Una servidora está empezando a hartarse de mentar la palabra crisis en cada conversación, pero es que estamos perdiendo la batalla. Se nos están muriendo un medio tras otro en una guerra que nunca hemos alcanzado a comprender, pero que está tan avanzada que hemos perdido la noción de quién es el enemigo, como en las guerras más duras. Y no estamos sobrados de calidad periodística en este país como para que vayan desapareciendo periódicos.
El Consejo de Gobierno de ayer nos ha regalado temas de conversación para toda la semana. Entre ellos, el enorme paso atrás que acabamos de dar con RTVE. Así, gratuitamente (aunque siempre hay quien lo celebra). Las semanas surrealistas se están haciendo irritablemente habituales y estamos perdiendo el Norte, el Sur, el Este y el Oeste. No es precisamente el Siglo de Oro del Periodismo español.

Etiquetas: adversidad, batalla, calidad, cierre, Consejo de Gobierno, crisis, El País, El Roto, guerra, La Gaceta, La voz de Asturias, libertad de expresión, medios de comunicación, opinión, periódico, periodismo, Política, RTVE, viñetas de El Roto
El hombre siempre tropieza dos veces en la misma piedra. Por lo visto esto está demostrado, pero una servidora suele caer unas veinticinco en la mismos pedruscos hasta que aprende. Tras diez meses desarrollando una adicción a Twitter, parece increíble que todavía no haya memorizado las lecciones básicas. La que ayer me traicionó fue Si has dormido poco y tu intención es gastar la mañana en los brazos de Morfeo, no se te ocurra echar un vistazo a Twitter: te desvelarás.

Los elefantes, de Salvador Dalí
La causa de mi desvelo no fue otra que la conocida noticia de la operación de cadera del Rey. El estado de zombificación y semi-inconsciencia en el que me encontraba me impedía pensar con racionalidad, o a eso achaqué mis dificultades para entender el tema. Elefantes, caza, cadera. Mi cerebro no alcanzaba a relacionar esos tres conceptos en una idea coherente, así que salí de Twitter y acudí a la prensa. Resultaba que el Rey, un hombre célebremente campechano que hemos visto estas semanas en los periódicos con peligrosa frecuencia, había decidido hacer un viaje privado a Botswana. Aún ahora, después de leer decenas de informaciones y opiniones sobre ello, me parece surrealista, ya que mi cerebro aún no consigue entender dónde reside el atractivo de cazar elefantes ni por qué un jefe de Estado de un país como España puede dedicarse a ello con total tranquilidad. Decía Almudena Ariza en su Twitter que un safari para cazar elefantes en Botswana cuesta de media 35 mil euros. ¿Cómo era eso de que España está en crisis?
Me importa el elefante. Me preocupa la imagen que esta noticia va a dejar de España. Me doy cuenta de cómo afecta esto a una Casa Real que no deja de salir en los titulares de los periódicos españoles día sí, día también. Sin embargo, lo que me quita el sueño es que nos hemos enterado de todo esto solamente por el accidente de la cadera. Si no, nos habríamos conformado con que el Rey está de viaje privado en Botswana, y nos habríamos quedado tan tranquilos. ¿No fue la prensa creada para evitar esto?

La cocina del elefante se manifiesta férreamente en contra de la caza de elefantes, cualquiera que sea la causa y el autor.
Etiquetas: Almudena Ariza, Botswana, cadera, Casa Real, caza de elefantes, crisis, desvelarse, dormir, El País, el Rey, Forges, ironías, opinión, periodismo, prensa, Surrealismo, Twitter, viñetas de Forges

El Roto, 31 de marzo de 2012, 'El País'.
Los huevos de Pascua esperan nerviosos en la bandeja de la pastelería, pero no estamos para grandes celebraciones. Son malos tiempos. No se trata del discurso más pesimista, sino que son tiempos realmente malos. Tras décadas de inculcar a los pequeños los sueños de un futuro mejor, los mayores ya no saben qué contarnos para obviar el hecho de que no hay un futuro mejor. De hecho, la línea del horizonte se está desvaneciendo y apenas se percibe, oculta tras la nube negra de la crisis, que le ha cogido gusto a llover. Esta vez hemos llegado demasiado lejos. Están empezando a pasar cosas que jamás habíamos imaginado y que nos hunden más en el generalizado sentimiento de rabia provocado por la nube negra, que no se va. La de Economía se ha convertido en la sección más leída de los periódicos y la infografía, en una herramienta imprescindible para los periodistas, que, abrumados ante tantas cifras, respiran hondo al llegar a la redacción y echan mano de ilustraciones y mapas para intentar resumir, traducir y explicarnos qué está pasando. Con la que está cayendo, las palabras se quedan cortas.
En Periodismo existe una norma, algunas veces no escrita, que exige prudencia a la hora de publicar noticias sobre suicidios, debido a que la Psicología ha demostrado en numerosas ocasiones que pueden incitar a potenciales suicidas a imitar la actuación del primero. Hay ocasiones, sin embargo, en que es necesario contarlo. Esta semana, el suicidio de un jubilado en Grecia nos ha robado el aliento. Sus razones, bastante deducibles, se concretaron en la nota escrita a mano que llevaba guardada en un bolsillo del pantalón. Soy jubilado. No puedo vivir en estas condiciones. Me niego a buscar comida en la basura. Por eso he decidido poner fin a mi vida, decía. Los indignados griegos se manifestaron ante el Parlamento bajo el lema No nos acostumbraremos a estas muertes. No lo haremos. No nos acostumbraremos a no tener horizonte.
Son malos tiempos: los grandes maestros nos están dejando solos para afrontar una crisis que no tenemos realmente claro cómo llegó y que se ha convertido en el epicentro de nuestras vidas. Gracias a gente como Antonio Mingote hemos sabido sobrellevarla con humor, pero ahora que se ha marchado casi sin avisar solo nos queda estar agradecidos por haber podido disfrutar de él y de sus viñetas. Definitivamente son días malos. Días tristes, tal vez.
Eso sí, lo importante es no olvidarnos de esto:

Etiquetas: adversidad, Antonio Mingote, crisis, días tristes, Economía, futuro, Grecia, horizonte, humanos, humor, indignados, jubilado, malos tiempos, opinión, periodismo, suicidio, viñetas de El Roto, viñetas de Mingote
Hoy hace seis meses que vivo oficialmente en Madrid

Esta ilustración de ROBERSON está tomada de cuadernodelegados.blogspot.com
Madrid cambia, pero es tarea de uno mismo que el cambio sea para bien. Probar a romper la rutina y volver de repente a una ciudad pequeña, hermosa y lenta después de haber hecho la mente a Madrid es difícil hasta si se pretende ir de compras. En otras ciudades la gente no corre, no emplea horas en llegar al trabajo y, desde luego, no está entrenada para esquivar personas constantemente y caminar de manera cuadriculada. Aún no se ha decidido si Valladolid es una ciudad pequeña o grande, pero lo cierto es que tiene el tamaño idóneo para vivir sin agobiarse y sin sentir que falta algo, y eso que el centro de la ciudad no ha sido aún colonizado por los grandes imperios de nuestra generación. Eso me gusta.
Hay muchas recetas para sobrevivir en Madrid. Una de ellas, la cual recomiendo, es convertirse en lo que Noemí Hernández llama “un férreo optimista”. Una de las primeras cosas que hay que tener claras en todo momento es que no importa cuánto tiempo lleves viviendo allí para adaptarte, pues la mayoría de sus ciudadanos están educados por un reclutamiento al que los de fuera nunca hemos sido invitados. En Madrid el día se compone de pequeños espacios de tiempo; por ejemplo, el rato que tardas en (no) desayunar. Las jornadas se sienten muy largas y están muy cargadas de actividad. Lo esencial para no caer en la tentación de permanecer durmiendo toda la mañana es no pensar en la cadena de acciones cotidianas que son necesarias para que termine el día.

Edificio Metrópolis de Madrid. Esta fotografía fue tomada el 17 de noviembre de 2011 por una servidora (Elena Lozano).
Nada más hacer la mudanza uno se da cuenta de que los colores del cielo de Madrid son diferentes. Es cierto que los atardeceres adquieren tonalidades nunca antes apreciadas, aunque el dato se pierde si se recae en quién tiene la culpa de ello: la boina de contaminación. El cielo es un espacio al que poca gente mira, pues las condiciones meteorológicas se sitúan en un segundo plano. Solamente se percibe que ha llovido por los charcos que aparecen en el suelo de los pasillos del metro, y molesta la lluvia únicamente porque retrasa el camino hacia la obligación, porque aumenta el número de frustraciones cotidianas por las que el subterráneo te obliga a pasar cada día. Perder calorías por los pasillos, escuchar los gritos del metro, bajar las escaleras a toda prisa, doblar la esquina y comprobar que se trata del tren del andén de enfrente. Pocas ciudades influyen tanto en el estado de ánimo como aquellas en las que estás obligado a agobiarte por todo. Precisamente esa es la razón por la que los artistas del metro existen aquí. Son más necesarios que nunca, porque son uno de los pocos factores que te obligan a salir del ensimismamiento y la individualidad que adquieres al hacerte el abono de metro.
Madrid no es solo Gran Vía, y no todo son famosos, musicales y tiendas de marca. Lo primero que aprendes al llegar es que eres pequeño, muy pequeño. De hecho, eres insignificante. Es cosa tuya hacerte un hueco. Eso sí, no venir es un error si piensas que realmente vale la pena.
Aviso para soñadores: aunque todo parezca perfecto, no lo es. En Madrid, muchas veces te sientes solo. Y también con la autoestima por los suelos (está llena de gigantes que te hacen sentir diminuto). La gente es muy independiente (a la fuerza), la ciudad es demasiado grande como para hacer planes para el mismo día, tienes que pasar horas y horas fuera de casa, comer en el trabajo, rendirte a la muchedumbre solitaria del metro y sacrificar parte de tu vida social. Pero, como todo en la vida, es una elección.
Marina Vega, ’Vivir en Madrid o la mili moderna’.
http://www.informauva.com/?p=1114
Etiquetas: adaptarse, artistas del metro, calles, cambios, cielo, ciudad, elección, errores y aciertos, fotografías caseras, frustración, individualidad, llegar, lluvia, Madrid, Marina Vega, metro, Noemí Hernández, reclutamiento, rutinas, soledad acompañada, Valladolid, vivir